La seguridad del cristiano I
Arthur Pink
“Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
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“Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
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“Ahora, pues, ninguna condenación hay”. El octavo capítulo de la Epístola a los Romanos concluye la primera sección de esa maravillosa carta. La palabra “pues” puede considerarse de dos formas..
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La infidelidad es uno de los pecados mas preponderantes en esta época impía en que vivimos. En el mundo de los negocios, dar la palabra de uno, con muy raras excepciones, ya no es algo en que se pueda confiar. En el mundo social, la infidelidad matrimonial abunda por todas partes, los vínculos sagrados del matrimonio se rompen con la misma facilidad que se descarta una vieja prenda de vestir. En el terreno eclesiástico, miles han prometido solemnemente predicar la verdad que no tienen ningún escrúpulo en atacarla y negarla. Ni puede el lector o el escritor declararse completamente inmune a este terrible pecado: ¡De cuántas maneras hemos sido infieles a Cristo y a la luz y los privilegios que Dios nos confió!
Los predicadores negros suelen tener una gran sagacidad y sentido común. No solo señalan la verdad sino que la lanzan como si fuese un dardo. De esta forma, una vez dentro, se quedará bien adherida.
Uno de ellos predicaba una vez con mucho entusiasmo sobre las distintas formas en las que los hombres pierden su alma. Bajo el título de observación, dijo que los hombres pierden a menudo su alma por exceso de generosidad.
PREGUNTA: Si los pecados de una persona —pasados, presentes y futuros— han sido perdonados cuando ella ha sido justificada, entonces ¿por qué debería un cristiano confesar su pecado a diario y orar pidiendo perdón, a lo largo de toda su vida?
RESPUESTA: Este problema ha dejado perplejos a muchos cristianos. La clave para su solución radica en la distinción que se debe hacer entre justificación y adopción. Aunque ambas son simultáneas e inseparables, se trata de dos actos distintos de Dios e implican dos relaciones diferentes entre el creyente y Dios.
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