George Lawson
Al que devuelve mal por bien, el mal no se apartará de su casa (Proverbios 17:13).
La ingratitud es uno de los pecados más viles que hay y demuestra claramente que el corazón es más rastrero de lo que se puede expresar con palabras; y su castigo estará en proporción al grado de culpa. El ingrato acarrea el mal, no solo sobre sí mismo, sino también sobre su casa; y esta desgracia que se deriva de un pecado tan grande no se presenta como un extraño que viene a pasar una noche en el hogar, sino que toma la casa como lugar de residencia y se queda allí para siempre.
George Lawson
Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días (Proverbios 19:20).
Un amigo capaz de darnos un buen consejo es un tesoro precioso, y solo la insensatez y el engreimiento pueden impedirnos valorar sus buenas indicaciones “[…] más que mucho oro fino” (Sal. 19:10).
Si los consejos de nuestros amigos merecen respeto, los de la Palabra de Dios son infinitamente más útiles. Los testimonios del Señor eran los consejeros de David en todas sus dificultades (cf. Sal. 119:24) y le hicieron más sabio que los ancianos (cf. Sal. 119:100).
D. Scott Meadows
Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).
πᾶσα πικρία καὶ θυμὸς καὶ ὀργὴ καὶ κραυγὴ καὶ βλασφημία ἀρθήτω ἀφ’ ὑμῶν σὺν πάσῃ κακίᾳ.
Pablo, el portavoz de Cristo, expone aquí una prohibición de inmoralidades desagradables y específicas a las que todo cristiano suele tener inclinación. Esto, en sí mismo, es una consideración profundamente humillante. Nosotros, los creyentes, hemos tomado el nombre de Cristo del mismo modo en que la esposa abraza el de su marido. Tenemos una asociación pública con el santo Hijo de Dios desde el cielo.
D. Scott Meadows
Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo (Ef. 4:32).
γίνεσθε δὲ εἰς ἀλλήλους χρηστοί, εὔσπλαγχνοι, χαριζόμενοι ἑαυτοῖς, καθὼς καὶ ὁ θεὸς ἐν Χριστῷ ἐχαρίσατο ὑμῖν.
La gracia de Dios exige el virtuoso carácter y conducta de los cristianos en comunión los unos con los otros
D. Scott Meadows
En lo más hondo de nuestro ser todos queremos ser felices. Anhelamos la sensación de un profundo bienestar, la confianza de que, al final, todo saldrá bien aunque ahora tenga que sufrir.
Una de las principales cosas que nos hacen sentir infelices es el descontento. La falta de contentamiento es ese sentimiento persistente de que la hierba siempre parece más verde del otro lado, de que uno merece estar allí y de que, si pudiera cambiar su lugar por el de personas afortunadas, sería dichoso.