Pastor D. Chanski
Basaremos esta reflexión en el capítulo 12 del libro de los Hebreos, versículos 28 y 29.
El Apóstol escribe: «Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor».
Aquí, el texto está diciendo que nuestra adoración debe ir marcada por la reverencia, o temor piadoso, y por el sobrecogimiento. Vivimos en una época en la que la adoración cristiana no suele conllevar estas características. En realidad, podríamos decir que la corriente discurre precisamente en la dirección opuesta. Este es un tiempo en el que la gente habla de guerras de adoración y, en esas supuestas luchas (y con este término quiero decir que existe un gran debate e incluso amplias discusiones sobre la forma en la que deberíamos adorar a Dios), parecería que incluso en medio de tanta argumentación se está llegando a perder de vista este punto tan crucial.
Pastor Alan Dunn
La esencia de la salvación y la esencia de la adoración es la vida con Dios. La meta de la salvación es la vida con Dios: la vida con Dios que mora con nosotros, el Dios a quien le agrada tener contacto con su pueblo. Esa es la esencia de nuestra salvación, la esencia de nuestra adoración.
Esta perspectiva se expresa desde el principio hasta el final de nuestra Biblia. Lo vemos, por ejemplo, en Éxodo capítulo veintinueve; en este capítulo tenemos este testimonio de nuestro Antiguo Testamento. Allí encontramos las bendiciones de la adoración sacrificial reglamentada por Dios, en las que Él expresa la esencia de la promesa de Su pacto.
Pastor Alan Dunn
Hermanos, volvamos a pedir la ayuda de Dios para adentrarnos en este asunto tan importante de la adoración a Dios:
Nuestro Padre misericordioso, invocamos tu nombre por la fe en Jesucristo. Nuestra confianza está en la gracia de nuestro gran Sumo Sacerdote y Rey.
Nos acercamos a ti por medio de la fe en Jesucristo, y te pedimos que glorifiques su nombre entre nosotros para que nuestros corazones sean instruidos en la Palabra de Dios, y para que el Espíritu de Dios que nos ha vivificado en Cristo sea derramado sobre nosotros para que podamos crecer en nuestro amor y adoración, en nuestra determinación de adorar y servir a nuestro Señor y Salvador.
Pedimos que tu gracia nos ayude en esta mañana para que nuestras mentes estén alertas, para que nos instruyas y podamos a cambio ser equipados para instruir a tu pueblo, a fin de que seas glorificado en la iglesia aquí y en todo el mundo. Oramos en el nombre de nuestro Salvador y Dios Jesucristo. Amén.
Pastor Alan Dunn
Por medio de la adoración al verdadero Dios vivo, estaríamos obedeciendo el primero de los diez mandamientos: no tener ningún otro Dios delante de nosotros, más que Él, revelado en nuestro Señor y salvador Jesucristo.
Adoramos porque Él es el único supremo y digno. Hemos sido creados para adorar; hemos sido salvados para adorar; lo que Dios desea de nosotros es adoración ya que Él busca a aquellos que Le adoren en espíritu y en verdad.
Adoramos en cualquier lugar en el que nos reunimos, como discípulos de Jesucristo, para clamar a Su nombre. En el nuevo pacto ya no existe un trozo de territorio geográfico que identifiquemos como tierra santa. La presencia de Dios entre nosotros es lo que confiere a nuestra adoración un carácter santo.