Paul Christianson
Hoy día, muchos cristianos hablan de las bendiciones que reciben en la alabanza, la oración y la predicación, en el contexto de la adoración del Nuevo Testamento.
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C.H. Spurgeon
¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía! (Salmo 133:1)
Mirad. Es una maravilla pocas veces vista, por lo tanto ¡a prestar atención! Es visible, porque es la característica de los verdaderos santos; por lo tanto ¡no dejen de examinarla! Bien vale la pena admirarla; ¡hagan una pausa y contémplenla! ¡Les encantará tanto que querrán imitarla, por lo tanto, véanla bien! Dios la observa con su aprobación, por lo tanto, considérenla con atención. ¡Cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es imposible describir la excelencia extrema de tal condición; y por eso el salmista usa dos veces la palabra “cuán”: ¡Mirad cuán bueno! ¡Mirad cuán delicioso! No intenta medir lo bueno ni lo delicioso, sino que nos invita a mirarlo con nuestros propios ojos. La combinación de los dos adjetivos “bueno” y “delicioso” es más admirable que la conjunción de dos estrellas de primera magnitud: que algo sea “bueno” es bueno, pero que también sea delicioso es mejor. A todos les gustan las cosas deliciosas, pero sucede con frecuencia que la delicia es mala; pero aquí la condición es tan buena como deliciosa, tan deliciosa como buena, porque el mismo “cuán” ha sido colocado antes de cada palabra calificativa.
C.H. Spurgeon
Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila.
Él es quien perdona todas tus iniquidades
Aquí comienza David su lista de bendiciones recibidas, que presenta como las razones de su alabanza. Selecciona unas pocas de las perlas más preciosas del cofre de amor divino, las enhebra en el hilo de la memoria, y las coloca en el cuello del agradecimiento. El pecado perdonado es, según nuestra experiencia, uno de los estímulos más especiales de la gracia, uno de los primeros regalos de su misericordia; de hecho, la preparación necesaria para disfrutar de todo lo que viene después. Hasta que la iniquidad es perdonada, la sanidad, la redención y la satisfacción son bendiciones desconocidas. El perdón es primero en el orden de nuestra experiencia espiritual, y en algunos sentidos, primero en valor. El perdón concedido está en tiempo presente: “perdona”, es continuo porque sigue perdonando, es divino porque es Dios quien lo da, abarca mucho porque nos quita los pecados; incluye los pecados de omisión al igual que de comisión, pues ambos son iniquidades; y es muy eficaz, porque es tan real como la sanidad y el resto de las misericordias con las que es colocado.
Pastor D. Chanski
Nuestro estudio se basa en el texto de 2 Timoteo 4:1-4:
«Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos».