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Corrige al niño

John S.C. Abbott

Constituye una gran prueba para la madre tener unos hijos inconscientes de su deber cuando son jóvenes, pero es diez veces más doloroso permitir que un niño crezca hasta la madurez en la desobediencia y que se convierta en un hombre disoluto y disipado.

¡Cuántas madres han pasado días de pesar y noches en vela como consecuencia de la mala conducta de sus vástagos! ¡Cuántas han sentido cómo se les rompía el corazón y se han llevado las canas a la tumba con tristeza, solamente como resultado de su propia negligencia a la hora de criar a sus hijos “[…] en la disciplina e instrucción del Señor” (Ef. 6:4)!

Tu felicidad futura está en las manos de tus hijos. Ellos pueden ensombrecer todas tus esperanzas, amargar todas tus alegrías, y entristecerte hasta tal punto que tu única perspectiva de alivio sea la muerte.

La huella profunda de su influencia

John S.C. Abbott

Es cierto que hay innumerables factores que intervienen de forma incesante en la formación del carácter. La influencia de una madre no es, en modo alguno, la única que se ejerce sobre la persona.

Sin embargo, puede que sea la más fuerte; porque, contando con la bendición que Dios otorga normalmente, es capaz de formar en la mente juvenil aquellos hábitos y de implantar aquellos principios a los cuales el resto de influencias tendrán luego que dar permanencia y vigor.

Responsabilidad de la madre

John S.C. Abbott

Hace unos cuantos años, algunos caballeros que se preparaban juntos para el ministerio se interesaron por averiguar qué proporción de los integrantes de su grupo tenían madres piadosas.

Quedaron gratamente sorprendidos al descubrir que, de ciento veinte estudiantes, más de cien habían acudido al Salvador llevados de la mano por las oraciones de su madre y guiados por sus consejos.

Aunque algunos de estos hombres se habían rebelado contra todas las normas del hogar y, como el hijo pródigo, habían vagado en el pecado y el dolor, con todo, no habían podido olvidar las huellas de su infancia y, al final, fueron llevados al Salvador, para gozo y bendición de sus respectivas madres.

Los gozos de la vejez

Ashton Oxenden

¡Una vejez feliz! ¿Es tal cosa posible? ¿Alguna vez nos hemos encontrado con una persona vieja y desgastada que era realmente feliz? ¿Podría el ocaso de la vida ser alguna vez brillante y soleado?

Si, tal cosa es posible; y lo encontramos de vez en cuando.

Aunque el cuerpo este desgastado por el tiempo, las piernas estén flojas, y la mente esté algo débil, aún puede haber un gozo calmado en el interior, una paz que el tiempo no puede gastar.

Querido hermano o hermana, ¿deseas ser feliz? Yo se que lo deseas. En el mundo todos son buscadores de la felicidad, aunque muchos la buscan en la dirección equivocada, y por tanto nunca la alcanzan.

Las pruebas de la vejez

Ashton Oxenden

Esta vida es una vida de pruebas; ¿quién está completamente libre de ellas?

Debemos esperarlas, y estar listos para cuando lleguen. Algunas veces se agrupan tan densamente a nuestro alrededor que necesitamos un corazón robusto y mucha gracia para soportarlas con mansedumbre, y pasar por ellas ilesos.

Hablemos de aquellas pruebas que pertenecen a la vejez; tal vez nos sintamos mucho mejor al decir algunas palabras acerca de ellas.

La pérdida de fuerza es una gran prueba para el anciano. Es doloroso sentir que ya no puedes hacer muchas de las cosas que antes solías hacer con tanta facilidad. El estar ocupado y contento era una vez tu mayor deleite. Pero ahora tus piernas apenas te pueden cargar; muchas de las ocupaciones de la vida son ahora una carga para ti.

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