Dr. Albert Mohler
Recientemente, la doctrina del infierno está siendo objeto de un ataque despiadado, tanto a mano de los laicos como incluso de algunos evangélicos. En muchas formas, el asalto se ha desarrollado de una forma encubierta. Como si se tratara de una marea que lentamente lo va invadiendo todo, como si fuera un conjunto de cambios culturales, teológicos y filosóficos interrelacionados que han conspirado para socavar el concepto que teníamos del infierno. Ayer considerábamos el primero y quizás más importante de estos cambios: una visión radicalmente alterada de Dios. Pero otras cuestiones también han tenido que ver en este tema.
Una segunda cuestión que ha contribuido a la negación moderna del infierno es un cambio de opinión en cuanto a la justicia. La justicia retributiva ha sido el sello de la ley humana desde los tiempos premodernos. Este concepto asume que el castigo es un componente natural y necesario de la justicia. Sin embargo, la justicia retributiva se ha visto atacada durante muchos años en las culturas occidentales y esto ha llevado a hacer modificaciones en la doctrina del infierno.
Dr. Albert Mohler
Las polémicas actuales vuelven a suscitar esta cuestión entre los cristianos estadounidenses e incluso entre algunos evangélicos. No obstante, no hay forma de negar la enseñanza de la Biblia acerca del infierno y seguir siendo un evangélico genuino. Ninguna doctrina se mantiene por sí sola.
Después de reconsiderar el surgimiento de la era moderna, el crítico literario italiano Piero Camporesi comentó: «Ahora podemos confirmar que el infierno se ha acabado, que el gran teatro de los tormentos se ha cerrado por un periodo indeterminado y que, después de dos mil años de representaciones horripilantes, no se volverá a repetir la función. La larga temporada triunfal ha llegado a su fin». Como si se tratara de una obra que ha estado mucho tiempo en cartel, por fin ha caído el telón y para millones de personas alrededor del mundo, la doctrina bíblica del infierno ya no es más que un recuerdo lejano. Para muchísimas personas en este mundo posmoderno, la doctrina bíblica del infierno se ha convertido sencillamente en algo impensable.
John S. C. Abbott
Sé que algunas madres dicen que no tienen tiempo para prestar tanta atención a sus hijos. Pero el hecho es que, para cuidar de una familia ordenada, no hace falta ni un tercio del tiempo que hace falta para cuidar de una familia desordenada. Ser fiel en el gobierno de tu familia es la única forma de ahorrar tiempo.
¿Puedes permitirte el lujo de estar distraída y acosada por la desobediencia continua de tus hijos? ¿Estás dispuesta a perder el tiempo desviando tu atención a cada momento de las tareas que tienes entre manos por culpa de las travesuras de tus obstinados hijos?
John S. C. Abbott
¿Cómo se forma el hábito de la obediencia? Esta cuestión no es tan difícil como muchos se imaginan. No requiere unos estudios muy amplios, ni una habilidad misteriosa que solo pertenece a unos pocos. ¿Dónde encontramos las familias mejor disciplinadas? ¿Están en las casas de los ricos? ¿Proporcionan los hijos de nuestros hombres más eminentes los mejores modelos a imitar? Es obvio que no.
En algunos de los hogares más humildes encontramos el bello espectáculo que constituye una familia ordenada y disciplinada. Por el contrario, en las mansiones de los hombres más acaudalados o más eminentes de nuestro país, muchas veces encontraremos familias con muchachas groseras y muchachos ingobernables: el vivo retrato del descontrol absoluto.
John S. C. Abbott
He procurado demostrar a cada madre cuánto depende su felicidad del carácter bueno o malo de sus hijos. Tus propias reflexiones y tu observación, sin duda, han grabado muy profundamente esta idea en tu corazón. Es probable que se te haya venido muchas veces esta pregunta a la mente mientras leías el capítulo anterior: “¿Cómo gobernaré a mis hijos de tal modo que asegure su virtud y su felicidad?”.