J.C. Ryle
“Entonces vino Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:6-7).
Adviértase la ignorancia irreflexiva del apóstol Pedro. En un momento lo vemos negándose a que su Maestro desempeñe una tarea tan servil: “Señor, ¿tú me lavas los pies?”; “No me lavarás los pies jamás”. Luego lo vemos precipitarse al extremo contrario: “Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”. Pero en ningún momento vemos que entienda el verdadero significado de lo que está observando. Ve pero no entiende.
La conducta de Pedro nos muestra que un hombre puede tener mucha fe y mucho amor y, no obstante, sufrir una lamentable carencia de conocimiento claro. No debemos equiparar la necedad y la falta de criterio religioso con la impiedad y la ausencia de gracia. A menudo el corazón puede estar completamente en lo cierto y la mente completamente equivocada. No debe sorprendernos el hecho de que la Caída afectara tanto a los sentimientos como al entendimiento de los hijos de Adán. Es una lección humillante, y solo una larga experiencia permite aprenderla. Pero cuanto más tiempo vivamos más podremos comprobar que, igual que Pedro, un creyente puede cometer muchas equivocaciones y carecer de discernimiento y, no obstante, como él, tener un corazón recto a los ojos de Dios e ir finalmente al Cielo.
Dr. Albert Mohler
El modelo del año cristiano es un ejercicio de la disciplina de la iglesia. Las celebraciones anuales de la Navidad y del Día de Resurrección obligan a la iglesia a considerar de nuevo las verdades de la encarnación y la resurrección de Cristo.
Los cristianos entienden que cada Día del Señor es un Día de Resurrección, pero este domingo es la festividad que pone a todo cristiano frente a frente con la tumba vacía y la verdad del Señor resucitado.
El domingo de resurrección es el acontecimiento central en el año de la iglesia, el punto culminante de la adoración, la expectación y la celebración. Ésta última es también como la prueba de fuego de la fidelidad y la convicción de la iglesia.
Dr. Albert Mohler
La cruz y la resurrección representan los acontecimientos fundamentales que se encuentran en el centro de la fe cristiana. El cristianismo se sostiene o se viene abajo con la expiación sustitutoria llevada a cabo por medio de la muerte del Hijo de Dios encarnado, en la cruz y su resurrección al tercer día. La iglesia celebra cada año esta celebración de la resurrección porque debemos traer constantemente a nuestra memoria y también recordar al mundo la resurrección de la esperanza, y de la realidad del Cristo resucitado. La iglesia del Señor Jesucristo debe ser siempre una compañía de testigos de la resurrección, que hablan del Evangelio de la cruz y del Cristo resucitado a un mundo que desespera por una esperanza genuina.
El filósofo positivista francés Auguste Comte dijo una vez a Thomas Carlyle que planeaba comenzar una nueva religión que remplazara al cristianismo. “Muy bien —replicó Carlyle—. Lo único que tiene usted que hacer es dejar que le crucifiquen, resucitar al tercer día y conseguir que el mundo crea que sigue usted vivo. Entonces su nueva religión tendrá una oportunidad”.
Dr. Albert Mohler
El teólogo J. I. Packer hizo una defensa histórica de la relevancia objetiva de la cruz en “What Did the Cross Achieve? The Logic of Substitutionary Atonement” [¿Qué logró la cruz? La lógica de la expiación sustitutiva], la conferencia teológica bíblica que dio en la Universidad de Cambridge en 1973, de Tyndale. Packer comienza describiendo que la comprensión penal substitutiva de la expiación “en conjunto, es una marca característica de la fraternidad evangélica a nivel mundial”. Merece la pena destacar que Packer esperaba que su audiencia aceptara esta declaración y se la tomara en serio. Hace más de treinta años se podía asumir que la mayoría de los evangélicos entendía que la visión penal substitutiva era primordial.
J.C. Ryle
En estos versículos se nos enseña la inutilidad de los conocimientos religiosos si no se ponen en práctica. Leemos: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”. Suena como si nuestro Señor deseara advertir a sus discípulos que jamás serían felices en su servicio si se contentaban con conocer su deber de forma meramente intelectual y sin vivir en concordancia.