Arthur Pink
Existen algunas ordenanzas y medios de gracia exteriores que son muy importantes y están claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero para los cuales tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos que nos ayuden a ponerlos en práctica; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio; es así que se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para probar si los cristianos profesantes descuidarán un deber claramente implícito por el hecho de no poder citar un mandato explícito que requiera su obediencia.
Albert N. Martin
Transcurre el mes de abril del año 1521 d.C. Un joven monje de la orden monacal de los agustinos ha sido convocado a comparecer ante un augusto grupo de hombres que incluye desde el emperador hasta lores y duques del ámbito político, obispos, arzobispos y prelados de la Iglesia de Roma.
Un oficial se pone en pie. Señalando hacia una pila de unos veinte libros y una colección de panfletos, le formula dos preguntas vitales: ¿Es usted el autor de estas obras? ¿Está dispuesto a retractarse de su contenido?
El joven monje se levanta y responde afirmativamente a la primera pregunta.
Albert Mohler
Una carta reciente a la columnista Carolyn Hax, del periódico The Washington Post, parecía bastante sencilla y directa. «Soy ama de casa y madre de cuatro hijos. He intentado educar a mi familia bajo los mismos valores cristianos firmes con los que yo crecí —escribía la mujer—. Por tanto, me desconcertó cuando mi hija mayor, Emily, anunció de repente que había dejado de creer en Dios y que había decidido “salir del armario” y declararse atea».
C.H. Spurgeon
Los predicadores negros suelen tener una gran sagacidad y sentido común. No solo señalan la verdad sino que la lanzan como si fuese un dardo. De esta forma, una vez dentro, se quedará bien adherida.
Uno de ellos predicaba una vez con mucho entusiasmo sobre las distintas formas en las que los hombres pierden su alma. Bajo el título de observación, dijo que los hombres pierden a menudo su alma por exceso de generosidad.
J.G. Vos
PREGUNTA: Si los pecados de una persona —pasados, presentes y futuros— han sido perdonados cuando ella ha sido justificada, entonces ¿por qué debería un cristiano confesar su pecado a diario y orar pidiendo perdón, a lo largo de toda su vida?
RESPUESTA: Este problema ha dejado perplejos a muchos cristianos. La clave para su solución radica en la distinción que se debe hacer entre justificación y adopción. Aunque ambas son simultáneas e inseparables, se trata de dos actos distintos de Dios e implican dos relaciones diferentes entre el creyente y Dios.