C.H. Spurgeon
El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR (Proverbios 17:15).
No hay duda de que condenar al justo es una falta grave. Pero algunos se sorprenderán de la afirmación del sabio de que justificar al impío es un delito de la misma naturaleza y malignidad.
Sin embargo, nos rebelamos contra Dios cuando nos desviamos hacia la derecha, igual que cuando nos desviamos hacia la izquierda, para apartarnos de ese camino en que se nos ordena que andemos.
J.C. Ryle
Asegurémonos de entender claramente que hubo una unión de dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona de nuestro Señor Jesucristo. Es una cuestión de crucial importancia. Debemos tener muy firme en nuestras mentes que nuestro Salvador es perfectamente hombre así como perfectamente Dios, y perfectamente Dios así como perfectamente hombre. Si olvidamos siquiera una vez esta gran verdad fundamental, podemos caer en temibles herejías. El nombre “Emanuel” envuelve este misterio por completo. Jesús es “Dios con nosotros”. Tenía una naturaleza como la nuestra en todos los sentidos, exceptuando únicamente el pecado. Pero aunque Jesús estaba “con nosotros” en carne y hueso humanos, al mismo tiempo seguía siendo Dios.
C.H. Spurgeon
Sáname, oh Señor, y seré sanado (Jeremías 17:14).
Curar las enfermedades espirituales es prerrogativa exclusiva de Dios. Las enfermedades corporales se pueden sanar por medio de instrumentos humanos; pero, aun en este caso, la honra se le debe dar a Dios, quien confiere virtud a la medicina y le proporciona al cuerpo la fuerza para que expulse la enfermedad. En cuanto a las enfermedades espirituales, solo el gran Médico es capaz de curarlas.
C.H. Spurgeon
¿Qué pensáis del Cristo? (Mateo 22:42)
La gran prueba de la salud de tu alma está en esta pregunta: “¿Qué piensas del Cristo?”. ¿Es Él para ti “el más hermoso de los hijos de los hombres” (Sal. 45:2), “señalado entre diez mil” (Cnt. 5:10), “todo él codiciable” (Cnt. 5:16)? Donde así se estima a Cristo, todas las facultades del hombre espiritual se ejercitan con energía. Yo juzgaré tu piedad por este barómetro: ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu pensamiento, alto o bajo?
George Lawson
Al que devuelve mal por bien, el mal no se apartará de su casa (Proverbios 17:13).
La ingratitud es uno de los pecados más viles que hay y demuestra claramente que el corazón es más rastrero de lo que se puede expresar con palabras; y su castigo estará en proporción al grado de culpa. El ingrato acarrea el mal, no solo sobre sí mismo, sino también sobre su casa; y esta desgracia que se deriva de un pecado tan grande no se presenta como un extraño que viene a pasar una noche en el hogar, sino que toma la casa como lugar de residencia y se queda allí para siempre.