Charles Bridges
¿Qué puede ser más degradante para nuestra divina comisión que el que temamos los rostros de los hombres? ¡Qué falta de atención hacia la presencia y autoridad de nuestro Maestro, y a nuestras dignas responsabilidades, tal y como ‘han sido dadas para la defensa del evangelio’!
La independencia, que hace caso omiso tanto a los elogios como a las censuras de los hombres, es indispensable para la integridad del ministerio cristiano…”La cuestión no es cómo complacer a nuestra gente, sino cómo poder advertirles, instruirles y llevarles a la salvación.
George Lawson
El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará (Proverbios 19:24).
Salomón era enemigo mortal de la pereza, como corresponde a todos los sabios. A menudo nos ha explicado los malos efectos de este vicio, y aquí pone al perezoso como objeto de desprecio y de burla para avergonzarle, si es posible, de su pereza y despertarnos en cuanto a la diligencia en los deberes de nuestra vocación y religión.
George Lawson
No te fatigues en adquirir riquezas, deja de pensar en ellas (Proverbios 23:4).
La riqueza ha sido la suerte de muchos santos. Cuando Dios nos concede riquezas, no nos pide que las arrojemos al mar, como hizo cierto filósofo antiguo; pero cuando nos las niega, no debe considerarnos infelices por ello. Salomón suele hablar de las riquezas como de una recompensa que la Sabiduría otorga frecuentemente a los que la aman, pero aquí nos advierte contra el peligro de suponer que la Sabiduría fomenta el amor a las riquezas: esa pasión universal que ha causado tanto mal a la raza humana desde la fundación del mundo.
George Lawson
También el que es negligente en su trabajo es hermano del que destruye (Proverbios 18:9).
La negligencia en los negocios es la compañera habitual de la chismorrería; y ambas iniquidades resultan más peligrosas de lo que la gente suele pensar, de modo que es preciso que protestemos a menudo contra ellas con toda seriedad.
C.H. Spurgeon
“Anímale” (Deuteronomio 1:38).
Dios se sirve de los suyos para que se alienten los unos a los otros. Él no dijo al ángel Gabriel: “Mi siervo Josué está a punto de conducir a mi pueblo a Canaán; ve y aliéntalo”. Dios nunca efectúa milagros innecesarios. Si sus propósitos se pueden cumplir por medios ordinarios, no utilizará métodos milagrosos.