Albert N. Martin
“Un verdadero creyente, en un estado espiritual saludable, experimenta gran dolor porque el pecado sigue permaneciendo, y obrando de forma activa y agresiva en él. Pero bendito sea Dios, porque en el momento en que ese hijo suyo—que lucha, pelea, se arrepiente, y se esfuerza—, exhala el último suspiro, Dios extiende sobre esa alma que ha abandonado el cuerpo una concentración de su gracia santificadora y del poder que acabará de inmediato la obra de conformar esa alma a la semejanza moral de Cristo.
Jack Schoeman
«Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba?» (2 Corintios 13:5).
El autoexamen es un aspecto vital de la vida cristiana. En su libro Advice to A Young Christian [Consejo a un joven cristiano] (SGCB, 2006), Jared Bell Waterbury escribe: «El cristiano consciente no debería permitirse pasar un solo día sin investigar su carácter moral». Y sigue declarando que «si transcurren largos intervalos entre los períodos de autoexamen, sin duda deberíamos experimentar grandes inconvenientes y perplejidad a la hora de llevar a cabo el deber.
George Lawson
No digas: Yo pagaré mal por mal; espera en el Señor, y Él te salvará (Proverbios 20:22).
Si se nos permitiera vengarnos por nuestra propia mano, la Tierra enseguida se llenaría de confusión y se sangre; porque cuando la ira de los hombres se enciende por el escozor de una herida fresca, enturbia el juicio e incita a los que están dominados por ella a cometer las irregularidades más peligrosas. Si la consentimos, nos arrastra a devolver de forma muy desproporcionada las ofensas que se nos han hecho; hasta podríamos descargar nuestra venganza contra los inocentes, como habría hecho David si Abigail no hubiera apaciguado su furia; podríamos ser culpables de los crímenes más sangrientos y hacernos desgraciados durante el resto de nuestros días.
D. Scott Meadows
No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. […]
D. Scott Meadows
Por todas partes oímos el clamor que pretende cambiar la Iglesia y su ministerio. Nadie niega que la Iglesia necesite un cambio, pero la pregunta es ¿en qué sentido?
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