La prioridad de pastorear el rebaño del Señor III
El aspecto final de nuestro estudio es la visita pastoral y la supervisión privada de las ovejas: nuestra responsabilidad de alimentarlas, de proveer para ellas; nuestra responsabilidad de protegerlas, de guiarlas, de conducirlas y de dirigirlas. Con el fin de llevar todo esto a cabo, preocupándonos de todo el mundo, nuestra vida deberá estar implicada en la de nuestra gente a nivel privado, personal. Un verdadero pastor se preocupa por sus ovejas y en la relación que existe entre pastor y ovejas; este tiene la prerrogativa de iniciar el compromiso con ellas, y no limitarse a responder a la llamada de ayuda; él ve la posible amenaza que se dibuja en el horizonte porque es un vigía, porque está cuidando y observando el estado del rebaño. Tiene el privilegio de tomar la iniciativa con aquella oveja que, a su entender, necesita un cuidado, una provisión y una protección adicionales. Junto con la preparación de su sermón, con su ministerio de oración intercesora, el pastor tiene que estar al tanto de su rebaño. Esto es conocimiento general; sabiduría general. En Proverbios veintisiete, versículo veintitrés, dice: “Conoce bien la condición de tus rebaños y presta atención a tu ganado”.
Ahora bien; esta interacción individual, privada, cara a cara, puede ser el resultado de algo que el pastor observe mientras esté viviendo entre su gente, ejerciendo su ministerio, y predicándoles de forma pública.
Por ejemplo: si, mientras estáis predicando, observáis que una de vuestras ovejas está sentada, de brazos cruzados, cabizbaja, y que solo mueve su cabeza; que cuando dices algo se limita a poner los ojos en blanco y sacudir su cabeza, a menos que tú seas del planeta Martes, aquí en la tierra eso significa que ese hombre no está recibiendo lo que tú estás diciendo: tiene un problema con aquello que tú estás hablando; si sales del santuario y ves a dos ovejas que están debatiendo y discutiendo sobre lo que acabas de predicar, o tienen un altercado sobre algo que incluso desconoces, pero sabes que tienen una controversia; o si ves a un matrimonio que va hacia el coche al final del culto, y él tiene mala cara y ella está arremetiendo contra él y son dos de tus miembros; como observador, como alguien a quien se le ha dado la responsabilidad de cuidar a sus ovejas, estas son cosas que te atañen. Bíblicamente tienes la prerrogativa de iniciar un encuentro, una interacción: o bien hablas con las ovejas allí y entonces, o, si no es apropiado, les pides que queden contigo de forma privada para poder preguntarles si estás interpretando las cosas de manera correcta. Cuando estabas sentado moviendo la cabeza, ¿te dolía el estómago? O, ¿hay algo de lo que dije sobre lo que necesitemos hablar, o que tenga que aclarar un poco más? Hay ocasiones en las que, como pastor, puedes ir junto a las ovejas y hacerles preguntas porque algo te haya llamado la atención y que tenga que ver contigo. No eres un asalariado; ¡te importan! Te preocupan las ovejas, te preocupas por su unidad, te preocupas por sus almas, por su relación los unos con los otros; te preocupa que el Espíritu se vea contristado en el rebaño.
Esta interacción, cara a cara, puede programarse o estructurarse formalmente. Podemos intentar tener visitas pastorales cada año, más o menos, con nuestra gente. Podemos tener hojas de inscripción y las personas pueden programar una hora para que el pastor venga y hable con ellos en privado. No tiene por qué ser a causa de un problema, o de una crisis, o una preocupación en sí, sino solo para poder saber en qué condiciones se halla el rebaño; para que ellos puedan conocernos, saber que hay una comunicación y que nosotros podamos entender mejor cómo orar por ellos en nuestras oraciones de intercesión. De este modo podremos percibir mejor el nivel en el que se halla nuestra congregación y así prodigarles mejor el ministerio de la Palabra de Dios hacia ellos.
Hace un par de años, en nuestra relación pastoral con la gente, tuvimos la impresión de que un puñado de personas de nuestra iglesia estaba teniendo algunas tensiones matrimoniales. Esto surgió en una reunión de ancianos: ¿sabéis una cosa? Tenemos unas cuantas familias aquí que parecen estar enfrentándose a luchas en su matrimonio. Esto es lo que haremos en nuestra próxima Escuela Dominical para adultos. Tocaremos el tema del matrimonio, porque esta es la forma en la que podemos ministrar la Palabra a este rebaño en este momento concreto. Ahora bien; cuando tenemos ese tipo de reuniones de supervisión pastoral, en mis encuentros con las ovejas suelo hacer preguntas sobre tres áreas distintas:
En primer lugar, sobre su propio discipulado. ¿Estáis comprometidos con vuestros devocionales personales? ¿Estáis cultivando vuestra comunión con Cristo en oración? ¿Estáis enfrentando algo en vuestro discipulado personal con Jesucristo en lo que yo pueda seros de ayuda? ¿Qué estáis leyendo? ¿Cómo es vuestra vida de oración? ¿Cómo está vuestra conciencia? ¿Cómo es vuestro caminar personal con Dios?
En segundo lugar, ¿cómo van las cosas en la familia? ¿Cómo van las cosas en el matrimonio? ¿Qué tal con los niños? ¿Qué tal con tus hermanos o tus hermanas, o tus padres? ¿Estás teniendo devocionales en familia? ¿Oráis juntos como una familia? ¿Leéis la Palabra de Dios? ¿Hay preocupaciones en lo que respecta a la familia de las que yo debería estar al corriente?
En tercer lugar, ¿qué tal van las cosas en la iglesia? ¿Estás recibiendo beneficio del ministerio del púlpito? ¿Hay algunas preguntas que te gustaría hacer en cuanto a las cosas que se están enseñando? ¿Estás cumpliendo tus obligaciones de membresía? ¿Tienes relación con el pueblo de Dios de una forma sana? ¿Hay alguna preocupación entre el pueblo de Dios que tú también tienes? ¿Existe alguna preocupación en cuanto a lo que se hace como iglesia, con respecto a nuestra implicación en misiones, a la mayordomía de nuestras finanzas, o alguna pregunta en esas líneas?
Estas son las tres áreas principales sobre las que intentamos charlar, por lo general. Tu caminar personal con Dios, tu familia y tu vida en la iglesia. ¿Estás ministrando? ¿Qué dones tienes? ¿En qué estás contribuyendo en lo que respecta a la vida y en el ministerio de la iglesia? ¿Estás creciendo por medio del servicio mientras ejerces el ministerio que Dios te ha dado?
Ahora bien; de este tipo de compromiso, puedes descubrir rápidamente que hay cosas que necesitan tu seguimiento; cosas sobre las que tienes que reunirte con ellos y cosas que te harán desear programar otros encuentros para poder comprometerte en orientarles.
Estás intentando reconocer la gracia de Dios en ellos; estás intentando darles instrucciones prácticas y ayudarles a conocer lo que significa ejercer la salvación.
En primera de Corintios capítulo siete y versículo veinticinco, Pablo da algunos consejos y esto consiste en un reto porque tenemos que ser capaces de discernir cuándo, como pastores, tenéis que orientar, aconsejar y cuándo tenéis que explicar la Palabra de Dios y cuándo tenéis que darles aquello que ata su conciencia a la Palabra y que ellos, como pueblo de Dios están obligados a seguir.
Pablo era capaz de hacer esa diferencia. Él dice: “En cuanto a las doncellas no tengo mandamiento del Señor, pero doy mi opinión como el que habiendo recibido la misericordia del Señor es digno de confianza”.
Pablo dice —y, el reto es, por supuesto, que su opinión está escrita en las Escrituras. ¡Huh! Pero, al menos, entendemos que Pablo sabía cuándo decía: “Hablo por mandamiento del Señor”, y cuándo decía: “doy mi propia opinión sobre este tema”.
Por supuesto que su opinión tenía que ver con su orientación en cuanto a las vírgenes. El mandamiento del Señor para las vírgenes era su pureza virginal, que fueran obedientes en lo que se refería al séptimo mandamiento y este puede obedecerse ya sea que permanezcan solteras o que se casen. Este mandamiento es innegociable, pero en vista de las persecuciones que presionaban a la iglesia de Corintios, Pablo da una opinión y aboga por el celibato. Es un consejo pastoral. Rechazarlo no es pecado, pero es sabio tomarlo en consideración, y de eso trata el consejo. Se trata de buscar la sabiduría, la aplicación práctica de los mandamientos. A la hora de tratar con nuestras ovejas, cuando estamos hablando con ellas, tenemos que ser capaces de entender lo que estamos diciendo; los mandamientos del Señor que dicen: “Así dice el Señor” y, cuando hablamos con ellas como hombres, dotados con cierta medida de discernimiento, que solo estamos dando una opinión, una orientación. El consejo de hombres sabios en cuanto a cómo aplicar la palabra de Dios en los asuntos prácticos de la vida, es muy beneficioso.
El hombre sabio busca tales consejos. Los necios solo se escuchan a sí mismos y no buscan consejo: Proverbios 12:15; Proverbios 13:10; Proverbios 15:22; Proverbios 24:6; Proverbios 27:9.
Todos estos proverbios recalcan el beneficio que hay en recibir consejos prácticos por parte de hombres cuya mente se ha informado en la Palabra de Dios y cuya vida, experiencia y ejemplo nos recomiendan la obediencia cristiana práctica.
Tienen que ser, para nosotros, las voces de la sabiduría y nosotros tenemos que ser esas voces en la vida de nuestra gente y exhortarles, alentarles y dirigirles.
En Deuteronomio capítulo diecisiete, leyendo en el versículo ocho, los principios o las analogías cara a cara no son directamente aplicables al ministerio pastoral en el sentido de ser como los antiguos jueces entre nuestra gente, pero hay una cierta relevancia en el propio principio. En Deuteronomio 17:8, leemos así:
“Si un caso es demasiado difícil para que puedas juzgar, como entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de pleito y otra, o entre una clase de asalto y otra, siendo casos de litigio en tus puertas, te levantarás y subirás al lugar que el Señor tu Dios escoja, y vendrás al sacerdote levita o al juez que oficie en aquellos días, e inquirirás de ellos, y ellos te declararán el fallo del caso. Y harás conforme a los términos de la sentencia que te declaren desde aquel lugar que el Señor escoja; y cuidarás de observar todo lo que ellos te enseñen. Según los términos de la ley que ellos te enseñen, y según la sentencia que te declaren, así harás; no te apartarás a la derecha ni a la izquierda de la palabra que ellos te declaren. Y el hombre que proceda con presunción, no escuchando al sacerdote que está allí para servir al Señor tu Dios, ni al juez, ese hombre morirá; así quitarás el mal de en medio de Israel: Entonces todo el pueblo escuchará y temerá, y no volverá a proceder con presunción”.
Ahora bien; con esto no estoy diciendo que el pastor del Nuevo Pacto se encuentre en el lugar del sacerdote y juez, para desarrollar un oficio, como en este caso, para emitir su veredicto y que, si no se sigue, pueda poner a la iglesia en disciplina. Sin embargo, a lo que me refiero es a este principio: no actuar presuntuosamente. No debería haber nada, ningún problema con el pueblo de Dios, si se le dice algo, si oye algo; Dios te ha dado dones; los hombres viven con la mente constantemente saturada por la Palabra de Dios; hombres que están orando por ti, que están buscando tu bien, que se preocupan por ti. No son hombres perfectos; no son hombres sin pecado, pero son hombres a los que se les ha dado un depósito de sabiduría práctica de cómo hacer las cosas para vivir la vida cristiana. Buscad su contribución. Buscad su orientación. Discernid entre opinión y mandamiento, pero entended que cuando el pastor intenta dar un consejo práctico, no está tratando de dominar, ni de manipular; solo trata de ser para ti aquello que Cristo le ha hecho ser: un medio de gracia, una ayuda, una asistencia. Ahora bien; algunos que me escucharan decir estas cosas me mirarían y dirían: “Solo tratas de tener mano dura; te estás entrometiendo. Quieres involucrarte en cosas que no son de tu incumbencia”.
Hermano, no entiendo esa mentalidad. Si hay un verdadero corazón de pastor, y si el pueblo de Dios quiere saber sinceramente cómo agradar a Cristo, ¿no podremos reunirnos y abrir nuestra biblia e intentar conocer la mente de Cristo en las formas prácticas de obediencia? ¿No tendremos el suficiente discernimiento como para decir: esta es mi opinión, este es mi consejo acerca de este tema? Ahora bien; si no aceptáis mi opinión, si no actuáis según mi consejo, esto no significa necesariamente que estéis quebrantando la ley de Dios. No es más que consejo; solo es orientación, pero esto es parte de lo que Dios ha hecho que yo sea para ti: una fuente de orientación.
Puedo decirte que, cuando yo era un cristiano joven, me habría gustado tener a algunos pastores que hubiesen estado más atentos a los problemas por los que yo estaba pasando; que hubieran levantado el teléfono y me hubiesen llamado diciéndome: “Alan, he oído esto y estoy preocupado; ¿qué tienes entre manos? ¿Qué está pasando?”. Si esto me hubiese ocurrido, quizás al final de mi adolescencia, a principio de mis veinte años, habría podido evitar tomar algunas decisiones estúpidas. Me habría sentido protegido frente a algunas actividades pecaminosas. Quizás mis huellas en el pasado habrían sido más correctas en lugar de haber divagado fuera del camino. Puedo deciros como pastor, que yo busco consejo. Busco la aportación de hombres cuyas opiniones valoro. Acato su consejo; sopeso sus opiniones y algunas veces no siempre sigo sus consejos, pero no quiero trabajar al margen de esas opiniones. El ministerio pastoral es un medio de gracia, hermanos, una oportunidad para que podáis derramar vuestra vida en la de vuestra gente. Esta es la razón por la cual Cristo os ha dado a ellos. Llevadles la Palabra de Dios. Llevadles la Palabra de Dios de forma pública y privada. Preocupaos por ellos, protegedlos, amadlos. Invertid parte de vosotros mismos en ellos. Molestaos por ellos. Entregad vuestra vida por ellos. Dadles la compasión, el amor de Cristo. Sed el hombre de Dios para el pueblo de Dios y Cristo os utilizará para llevar beneficio a sus ovejas y glorificarle en ellos; y, cuando el Buen Pastor vuelva, Pedro os dice que recibiréis una corona de gloria que no pasará nunca y, cuando la consigáis, os daréis cuenta del tipo de pastor que habréis sido en realidad. Os alegraréis de quitaros esa corona y decir: la dejo a los pies del Buen Pastor; no soy más que un siervo indigno, pero ojala Dios se agrade de utilizarnos con todos nuestros fallos, los pecados que queden en nosotros nuestra debilidades, nuestras luchas, todos nuestros errores, que no seamos más que hombres de integridad, hombres como Elías, que seamos el hombre de Dios del que aprendemos en de 2 Pedro y 2 Timoteo y nos entreguemos para el bien del las ovejas de Cristo, por amor a Cristo y para gloria de Su nombre. Amén.
Oremos: Padre nuestro, oramos para que nos des tu Espíritu y nos ayudes en estos días a ministrar tu Palabra como pastores del rebaño de Dios; para guiarlos, para protegerlos, darles lo mejor que podamos como medio de gracia, de beneficio para tu pueblo para que tu nombre sea glorificado entre nosotros y alabado. Que tu palabra sea entendida y obedecida; que tu, el buen pastor seas glorificado y que tu pueblo sea una alabanza a tu nombre, ahora y siempre. Amén.
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