El ministerio público y sus presiones privadas, Parte II
El ministerio cristiano: un enfoque bíblico de los problemas
Algunos libros sobre las presiones pastorales (como Going the Distance [Recorrer la distancia] de Peter Brain), aconsejan que si no queremos que el ministerio acabe por extenuarnos debemos tomarnos las cosas con calma: tomarnos días libres, disfrutar de vacaciones, “cuidarse”, etc. Y estoy de acuerdo en que no le falta razón. Comoquiera que sea, creo que soy fiel a la verdad si digo que muchos de nosotros nos vemos en situaciones—como el apóstol Pablo—en que no es tan fácil “tomarse las cosas con calma”.
En 2 Corintios, donde Pablo y sus problemas son objeto del ataque de una iglesia rebelde y unos falsos maestros, el Apóstol no se limita a responder con una idea estoica de los problemas y las presiones que acompañan al ministerio cristiano, sino con una idea muy positiva de ellos. Permítaseme esbozar lo que dice Pablo. El Apóstol fue atacado por los “súper-apóstoles”, que daban gran importancia a las apariencias externas (5:12) y se jactaban tal como hace el mundo (11:18). Parece ser que el argumento incluía la idea de que el comportamiento y la vida de un ministro del Dios glorioso solo podían caracterizarse por el esplendor y la victoria ante todos los problemas. Solo el éxito es congruente con la gloria. Pero la esencia de la réplica de Pablo es que estas personas no habían comprendido la naturaleza de la gloria de Dios que se ve ene l rostro de Jesucristo (4:6).
No tengo el propósito de enunciar una teología del sufrimiento. Lo que deseo es señalar algunos textos de 2 Corintios que nos dicen específicamente que nuestros sufrimientos como ministros no carecen de sentido. Sufrimos nuestros problemas por buenas razones. Leemos que estas cosas pasan “para que…”. Ahora bien, eso ya es un enfoque radicalmente distinto del que promueve la cultura de la terapia. Los problemas y las presiones pueden ser una bendición para el ministro cristiano en cinco áreas.
1)La capacidad pastoral (2 Corintios 1:4-5). Adviértase el “para que…”. Y entonces Pablo pasa a ahondar en eso (v. 6) y luego explica el problema específico que había sufrido en Asia (v. 8).
Pablo nos ofrece aquí esta primera clave para entender el motivo de los problemas y la presión en la vida de un ministro cristiano. Es a fin de convertirle en un pastor mejor para los otros. No es que, como ya he dicho, Jesús no se compadezca por quienes tienen problemas. Las personas necesitan consuelo. ¿Pero de dónde se debe obtener este consuelo? ¿Y cómo debe aprender un ministro cristiano a compadecerse de aquellos que atraviesan momentos difíciles? ¿Cómo aprendió Pablo a llorar con los que lloran? ¡Él mismo había llorado! ¿Cómo aprendió Pablo a animar a quienes sufrían graves aflicciones? Utilizó su propia experiencia con el Señor y su Palabra cuando le ministraron en momentos de aflicción.
Los problemas nos enseñan y nos hacen madurar como pastores.
Caminé por un trecho con el placer
y me habló sin cesar,
pero más sabio no llegué a ser
aun a su pesar.
Pero caminé un trecho con la pena
sin que nada me dijera,
y mi sabiduría fue más plena
con ella de compañera.
¿Y no es esto así? Muchas veces los mejores pastores no son los que tienen una mayor capacidad intelectual, sino los que más han sufrido.
Los problemas y las presiones son la escuela con que Dios nos aconseja. Y es la mejor escuela. Los cristianos normales no necesitan que se les someta a compleja técnicas de asesoramiento que hayamos aprendido mal que bien de algún libro o de un seminario de un día. Necesitan el amor directo de un hermano cristiano que comparta la verdad de la Palabra de Dios tal como él mismo la ha experimentado. Su principal necesidad no es la de convertirse en clientes de un “profesional”, necesitan a una hermana o un hermano amistoso que haya pasado por eso mismo y que, a partir de una verdadera experiencia de situaciones en las que, tal como Pablo, llegaron a “[perder] la esperanza de conservar la vida”, comparta humildemente la verdad y la gracia de Dios. Ciertamente, el mejor pastor no será una repetición rutinaria de Romanos 8:28, sino alguien capaz de compartir Romanos 8:28 desde el trasfondo de sus propios sufrimientos y presiones personales. Pastor, Dios tiene un propósito para tus pruebas y tus presiones. Te está educando para que mejores tu capacidad pastoral.
2)La autenticidad ministerial (2 Corintios 4:10,11). Adviértase el doble “para que…”. Los “superapóstoles” señalaban su propia vida supuestamente victoriosa en contraposición a la dificultosa vida de Pablo, casi como una insinuación de que sus problemas eran indicativos de un rechazo divino. Pero la respuesta que Pablo les da es que se trata precisamente de lo contrario: tal como el Señor Jesucristo sufrió a fin de bendecirnos, igualmente todo ministerio cristiano debe seguir el mismo patrón (13:4).
El verdadero ministerio cristiano muestra de forma inevitable las señales de la Cruz. Tal como Jesús murió, también Pablo muere en el sufrimiento, la presión y la oposición que experimenta. Tal como Jesús resucitó a una nueva vida, también Pablo experimenta una nueva vida. Considerados desde una perspectiva puramente humana, los problemas a los que Pablo se enfrentaba en su ministerio debían haber conducido a su muerte y la de su ministerio hacía mucho tiempo. Sin embargo, recibe fuerzas para resistir […].
Los verdaderos ministros de Cristo tienen señales de sufrimiento, igual que su Maestro. Conocerás el gran poema de Amy Carmichael.
¿No tienes cicatriz alguna?
¿Una cicatriz escondidas
en el costado, el pie o la mano?
Te oigo ensalzado como el Omnipotente;
les oigo cantar a la estrella fulgurante
¿No tienes cicatriz alguna?
¿No tienes herida alguna?
Sin embargo, yo fui herido por los arqueros;
agónico, me apoyé en un árbol para morir;
desgarrado por las bestias,
me desmayé
¿No tienes cicatriz alguna?
¿Ninguna cicatriz?
¿Ninguna herida?
Pero como el Maestro ha de ser el siervo,
y heridos están los pies de quien me sigue,
pero los tuyos están indemnes.
¿Puede haber sido largo el viaje
de quien no tiene cicatriz ni herida?
Y Pablo deja claro que tal forma de morir, tales heridas ministeriales, no solo son las credenciales de la autenticidad de los ministros, sino que la vida y la bendición de Dios fluyen verdaderamente a través de ese ministerio agónico (2 Corintios 4:12). Este es el verdadero ministerio cristiano, y tales afirmaciones son el equivalente paulino a la declaración de Jesús (Juan 12:24). ¿No nos ayuda esto a ver nuestros problemas y nuestras presiones bajo una luz completamente distinta? ¿No hunde en la indignidad la idea del “pobre de mí”?
3)La gloria eterna (2 Corintios 4:16,17). La Escritura enseña que se nos recompensará por nuestras aflicciones. Recuerdo un artículo de gran ayuda sobre este texto que se publicó hará algunos años en la revista The Banner of Truth, con la firma de Sinclair Ferguson, y el hincapié que se hacía en el versículo 17. Son nuestras aflicciones las que “producen en nosotros” la gloria eterna. Nuestras aflicciones son, por así decirlo, la materia prima de la que se extraen las doradas recompensas celestiales.
Hace algunos años un misionero que se acababa de jubilar volvía a América en el mismo barco que el presidente de los E.E.U.U. Al presidente le recibieron entre vítores, con una orquesta militar, una alfombra roja, banderas y los fogonazos de las cámaras. Sin embargo, el misionero desembarcó desapercibido. Impulsado por la autocompasión y el resentimiento, comenzó a quejarse ante Dios en su fuero interno. Pero luego fue como si el Señor le recordara delicadamente: “Pero, hijo mío, aún no has llegado a casa”. Pablo no piensa tanto en este mundo como en el venidero (v. 18). Y al responder con fe nuestras aflicciones producen un abrumador y eterno peso de gloria.
¿No nos proporciona eso una perspectiva completamente distinta? […] Así, Pablo habla de los tremendos problemas a los que se enfrenta como si fueran “leves y momentáneos” (v. 17).
4)La humildad práctica (2 Corintios 12:7-10). Cuando Pablo piensa en este aguijón en la carne, descubre un motivo. Las grandes revelaciones que había recibido podrían haberle enorgullecido.
Nuestros egos pecadores tienden al orgullo. Tenemos dones, muchos de ustedes son hombres capaces y competentes […]. Pero el Señor permite que haya problemas y presiones en nuestras vidas a fin de humillarnos. Nos lleva a situaciones que superan nuestra resistencia natural a fin de humillarnos. ¿Y por qué hace eso? Lo hace porque deseas una comunión más íntima con nosotros, para que su presencia y su poder estén sobre nosotros; porque sabemos que Dios resiste al orgulloso pero da gracia al humilde (Isaías 57:15). Y así, nuevamente, debemos ver nuestros problemas bajo una perspectiva distinta. Nuestros problemas son las invitaciones de Dios a mantener una relación más profunda con Él, una relación personal más cercana con el Rey (2 Corintios 1:9).
5)La realidad evangélica (2 Corintios 5:21) […]. Quizá este sea el texto más maravilloso del Evangelio. Aquí el trasfondo consiste en que, al tener el Cielo en perspectiva, las motivaciones de Pablo en su vida y su ministerio son complacer a Cristo, no a aquellos a quienes ministra (v. 9). Sin embargo, lejos de insinuar una indiferencia hacia sus oyentes, el amor de Cristo le empuja (v. 14) a servir como embajador de Cristo, a proclamar la reconciliación, sobre la base del sacrificio de Cristo por nuestros pecados y su don de la justicia perfecta.
El evangelio también es aplicable a los cristianos. También es aplicable a los ministros. Necesitamos que eso se nos recuerde constantemente. Aunque intentemos servir a Dios con nuestros mayores esfuerzos, seguimos siendo pecadores. […]. Eso puede suponernos grandes problemas. Pero el Evangelio también es aplicable a nosotros. Debemos recordarnos a nosotros mismos a menudo la maravillosa implicación de este texto. Tal como el hecho de que Jesús estuviera libre de pecado no fue una barrera para que se le imputaran nuestros pecados, igualmente en Cristo, el hecho de nuestro pecado no es una barrera para que se nos impute la justicia de Dios. […]
Podrás recordar las conversaciones de Spurgeon con John Ploughman en las que el gran hombre ofrece sabios consejos. En una conversación con el viejo campesino, el anciano nos dice lo siguiente: “El otro día el diablo me estuvo tentando. Era incapaz de responder a su acusación. Es un abogado veterano y sabe más de leyes que yo. De modo que le pregunté: “¿Qué buscas con tus insidias?”. “Bueno—dijo el diablo–, tu alma. “Ah—dije, eso no es cosa mía. He puesto mi alma en manos de Cristo. Le he encomendado todo. Si quieres una respuesta para tus acusaciones, lo mejor que puedes hacer es ir a verle’”. Esa es nuestra respuesta.
Una de las mayores dificultades de ser cristiano, y especialmente un ministro cristiano, es afrontar nuestros fracasos: nuestros pecados, nuestros defectos (algunos de ustedes no fracasan nunca, ¿no es así?). Cristo es la respuesta. Y aparte de nuestros pecados, uno de los mayores motivos de depresión entre buenos cristianos es el perfeccionismo en las cosas que intentamos hacer por Cristo (aunque se diga que “Solamente lo mejor es suficiente para mi Señor”, existe un terrible orgullo detrás de gran parte de ello). Y la presión que uno pone sobre sí mismo puede llevar a quebrantarle. Pero nunca viviremos ni serviremos perfectamente. Eso es lo cierto. Pero vivimos por el Evangelio (2 Corintios 5:21). Y ese gran texto transforma nuestra perspectiva y nuestros fracasos.
¿Cómo enfocar los problemas? No como los enfoca el mundo contemporáneo. Obran para nuestro bien. Capacidad pastoral; autenticidad ministerial; gloria eterna; humildad práctica; realidad evangélica. […]
Esta lectura es un extracto de un artículo publicado en Nueva Reforma por Editorial Peregrino. El artículo es una traducción por Editorial Peregrino de una conferencia por el autor. Es publicado aquí con permiso. Esta es la segunda de dos partes. Reservados todos los derechos.