Cómo debe cuidar el pastor de sí mismo III
En primer lugar, debemos entender que el método de Dios es utilizar a hombres piadosos.
En segundo lugar, debemos comprender que esto significa que, por descontado, tenemos que ser verdaderos cristianos, discípulos bíblicos cuyas vidas estén orientadas hacia Cristo, ser conformados a Él, conocerle, andar con Él.
En la base de todo lo que tenemos que hacer como pastores, ya sea que nuestro ministerio se centre en la predicación, la enseñanza, que seamos consejeros o administrativos, o cualquier otro servicio que el Señor nos haya dado en la iglesia, somos discípulos de Cristo que tienen hambre de Él, de conocerle y de ser como Él.
Bien, esto implica en tercer lugar, que el pastor debe ser disciplinado en su devoción por Jesús.
Como discípulos, como personas que estamos bajo la disciplina de nuestro Señor, nuestra vida tiene que estar marcada por ciertas normas, ciertos ejercicios, hábitos regulares de devoción a Jesucristo.
El propósito es conocerle, crecer en nuestro saber acerca de su identidad, tener comunión con Él e ir siendo conformados a Él. Pablo insta a Timoteo a todo esto en la primera carta que le escribe, capítulo cuatro y versículo siete:
“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas.
Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad”.
Disciplínate; en el inglés tenemos la palabra “gymnasium” que procede de esta palabra disciplina. Ir al “gym”, a la sala de ejercicios y allí ejercitar un cierto grupo de músculos. Acércate a un hombre que esté haciendo pesas y dile: “¿sabes? Te vi la semana pasada y estabas haciendo pesas. Ya es suficiente ¿no? Ya lo has hecho, no necesitas hacer más. ¡No es así!
Tengo que repetir una y otra vez el ejercicio para fortalecer esos músculos en particular. Así pues, no se trata de haber leído la Biblia una vez y esto es todo lo que tenemos que hacer. Hemos orado y… ¡No! Hay repetidos ejercicios que debemos cultivar como hábitos para disciplinarnos en la piedad.
¿Qué implica esto? Bien, implica ciertamente el hecho de que el pastor debe cultivar la disciplina de la lectura devocional de la palabra de Dios. Como discípulos no debemos acercarnos a nuestra Biblia con el único propósito de encontrar algo sobre lo cual podamos predicar en nuestro ministerio a los demás.
Debemos ir como María y sentarnos a los pies de Cristo y ser ministrados como discípulos. Nos acercamos a la palabra de Dios para alimentar nuestra alma, sustentar nuestra propia salud espiritual, no para hacer nuestro trabajo sino para seguir teniendo una buena salud espiritual.
Tenemos que alimentar nuestra alma con las Escrituras; debemos conocer nuestra Biblia. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se llega a conocer este libro? Puedo frotarme con él a ver si penetra en mí, pero ¡Esto no es lo que hay que hacer! Tienes que abrirla y leerla. Tienes que leerla de una forma disciplinada, sistemática y regular.
En el Salmo uno, desde el versículo uno al tres leemos:
“¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera”.
En lugar de llenar nuestra mente con las palabras de los políticos, los artistas y los necios de este mundo, debemos deleitarnos en las palabras de nuestro Dios. Nuestra mente debe ocuparse día y noche en el consejo y las palabras de las Escrituras.
En el Salmo ciento diecinueve vemos el amor que el salmista siente por la palabra de Dios. Es algo patente a lo largo de todo este capítulo del libro de los salmos, a lo largo de todo este salmo… pero observa lo que dicen los versículos ciento cuarenta y siete y ciento cuarenta y ocho:
“Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero. Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra”.
Este hombre se acerca disciplinadamente a la palabra de Dios. Se levanta por la mañana, comienza el día orando y centra su mente en la palabra del Señor. Dice:
“por la noche espero las vigilias y las anhelo porque entonces todo se acaba y puedo por fin meditar de nuevo en la palabra de Dios”.
Existe un acercamiento disciplinado por la mañana y por la noche a la palabra de Dios; es algo regular. No vas a conocer el contenido de tu Biblia de forma accidental. Es algo que ocurrirá intencionadamente y será porque tengas un plan, porque hayas tomado la decisión de sacar el tiempo para hacerlo y lo harás con convencimiento, con coherencia en la costumbre de una lectura devocional de la palabra de Dios.
Necesitas apartar tiempo para poder leer todo el Antiguo Testamento y también el Nuevo:
Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
En Mateo capítulo veintidós, Jesús está tratando con los fariseos y los acusa y les recrimina por esta misma deficiencia: que no conocen el contenido de su Biblia. Forman el clero profesional que tiene más conocimiento sobre las tradiciones de los hombres que sobre las palabras de Dios. En Mateo capítulo veintidós, empezando a leer desde el versículo veintinueve dice:
“Pero Jesús respondió y les dijo: Estáis equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni se casan ni son dados en matrimonio, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo. Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído […]?”
En muchos versículos de los Evangelios donde formula esa pregunta a los fariseos “¿no habéis leído?” se está dirigiendo a esos hombres que constituyen el clero profesional y les pregunta a ellos específicamente: “¿Qué estáis leyendo?”. Bueno, este libro de teología, este libro de historia y… Lo que Él les está diciendo es: “¿No estáis leyendo vuestra Biblia? ¿No estáis leyendo vuestra Biblia? ¿No sabéis lo que dicen las Escrituras?”.
En Colosenses capítulo tres, versículo dieciséis el Apóstol Pablo alienta a los cristianos. Nosotros también necesitamos recibir estímulo por medio de la amonestación de Colosenses tres, dieciséis:
“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros […]”.
Debes conocer tu Biblia. Debes leer tu Biblia. Debes hacerlo sistemáticamente, en una forma disciplinada, habitual y devocional con respecto a Jesucristo, como discípulos suyos.
El pastor no solo debe disciplinar su lectura devocional de la palabra de Dios, sino que debe cultivar también la de la oración secreta, ¡oración secreta! En Mateo capítulo seis, versículos cinco y seis dice:
“Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
No estamos hablando sobre dirigir a la congregación en oración. Nos referimos a la oración secreta, a solas con Dios en oración. Cuando nadie más te ve, ni te oye, ni comentará sobre la forma tan bonita en la que haces tus frases. “Cuando oréis”; Jesús supone que sus discípulos lo harán a solas, buscando el rostro de su Padre celestial.
En el Salmo cinco, desde el versículo uno al tres leemos:
“Escucha mis palabras, oh Señor; considera mi lamento. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque es a ti a quien oro. Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración a ti, y con ansias esperaré”.
Sugiero que hay razones bíblicas para exhortaros a comenzar el día orando en la presencia de Dios. Esto es lo que David está haciendo aquí; es lo primero que hace por la mañana. Ordena sus oraciones y alza su voz a su Dios.
En Marcos capítulo uno y versículo treinta y cinco vemos que esta era, de hecho, la costumbre de nuestro Señor Jesucristo:
“Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba”.
Jesús se levantaba temprano para estar a solas con su Padre. Permitidme una pregunta. Sé que estáis muy ocupados y algunos de vosotros estáis llevando la obra del ministerio junto con otros trabajos, que tenéis una esposa e hijos y que las exigencias son constantes y estresantes. ¿Cuándo vais a encontrar el tiempo? Sugiero que sea lo primero que hagáis por la mañana; es un modelo bíblico.
¿Tienes un momento concreto para orar en secreto, de forma personal, como hábito de vida comprometida y disciplinada? Si solo oras cuando te apetece verás como pronto tus sentimientos se esfuman y dejarás de hacerlo. Tienes que tener unos principios; necesitas ser disciplinado; necesitas comprometerte con una disciplina y un patrón al que te vas a dedicar.
Lamentablemente podemos convertirnos en formalistas aun en nuestras devociones privadas y actuar por inercia, sin que el corazón esté verdaderamente comprometido. Necesitamos orar para que Dios nos dé la experiencia de conocer a Jesucristo utilizando el medio de gracia.
En Filipenses capítulo, perdón, Efesios capítulo tres, desde el versículo catorce:
“Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra, que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior, de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor, seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios”.
Necesitáis orar para experimentar que Jesucristo os está amando. No se trata de venir y llevar a cabo vuestras devociones, simplemente, leer los versículos, orar y poner la marca de haber cumplido con la obligación. Pero orar para ser fortalecidos por el Espíritu requiere que tengas la experiencia de sentir que Cristo está presente contigo, y tú con Él; tienes que sentirte amado por Él y tú tienes que expresar un amor genuino por Él.
Hazte estas preguntas:
¿Tengo que esforzarme para que mi vida devocional sea regular?
¿Estoy convencido de que estas disciplinas básicas son fundamentales para ser un verdadero discípulo de Jesucristo? ¿Entiendo que antes de ser pastor, soy un discípulo, un cristiano? ¿Comprendo que como alguien espiritualmente vivo debo ejercitarme, y disciplinarme para santidad?
Ahora bien; sé que todos nos saltamos alguna vez el tiempo del devocional. Sé que algunas veces podemos pasar días sin tener un compromiso devocional concentrado y disciplinado con la palabra de Dios y con Jesucristo, pero no deberíamos sentirnos satisfechos de ello.
Debería causarnos dolor, debería llevarnos a un nuevo arrepentimiento, a una decisión renovada. Este es el camino por el que debemos andar y tenemos que hacerlo hasta que crucemos la línea de meta, hermanos.
“Yo solía tener una buena vida devocional disciplinada, pero ahora he pasado de ello y…” ¡No! Las costumbres devocionales de oración y lectura de la palabra de Dios tienen que caracterizar al verdadero hombre piadoso a lo largo de su vida. El pastor tiene que ser disciplinado en su devoción por Jesús.
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