Los pecados secretos estorban la oración secreta II
Thomas Brooks
Todos los pecados secretos de los hombres están impresos en el cielo y Dios, al final, los leerá en voz alta a oídos de todo el mundo: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Co. 4:5). Mira, como hay un mundo de moscas y partículas en el aire que nunca vemos hasta cuando brilla el sol, así hay muchos miles de miles de pensamientos orgullosos, pensamientos impuros, pensamientos mundanos, pensamientos maliciosos, pensamientos envidiosos, pensamientos sangrientos, etc., que el mundo no ve, no conoce. Pero en el Gran Día, cuando los designios de todos los corazones sean manifestados, entonces, todo saldrá a la luz, entonces, todo aparecerá, tanto al mundo superior como al inferior. En el Gran Día, todas las máscaras, viseras13 y capuchas serán arrancados, y entonces, todo será revelado. Todo lo que hayas hecho en la cámara secreta, en el rincón oscuro, se dará a conocer a los hombres y a los ángeles, sí, a toda la corte del cielo y a todo el mundo. “En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Ro. 2:16). En este Gran Día, Dios juzgará, no sólo nuestras palabras, sino nuestras obras, no sólo nuestras obras abiertas, sino también nuestras obras y caminos secretos… Aunque pecadores, aunque los más grandes de los pecadores, puedan esconder y mantener ocultas sus horrendas abominaciones por un tiempo, llegará un momento en que todo saldrá a la luz. Todas sus manchas secretas y abominaciones secretas serán evidentes para todo el mundo… Pero los pecadores pueden estar listos para oponerse y decir: “Dejadnos solos en nuestros pecados secretos hasta ese día. Entonces, nos irá bastante bien”. Por lo tanto,…
[3] En tercer lugar, considera que Dios, muchas veces, descubre y da a conocer al mundo los pecados secretos de los hombres, incluso en esta vida (Is. 41:21-23). Dios ama actuar de acuerdo con sus propios nombres. Ahora, ser revelador de secretos es uno de sus nombres (Dn. 2:47). Por consiguiente, incluso en este mundo, Él saca a la luz, a menudo, las cosas más ocultas de las tinieblas. De todos los gloriosos atributos de Dios, ninguno sufre tan profundamente por los pecados secretos como el atributo de su omnisciencia. Por lo tanto, Dios se levanta, a menudo en este mundo, para vindicar el honor de este atributo, desenmascarando a los pecadores y sacando a la luz todos esos senderos y caminos secretos de maldad por los que han caminado durante mucho tiempo sin ser descubiertos.Fue por el honor de este bendito atributo de Dios que el pecado tramado en secreto por Ananías y Safira fue descubierto tan abiertamente. “Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas” (Hch. 5:1-11). Los hermanos de José ocultaron durante mucho tiempo su malicia, su astucia, su crueldad, su envidia, su traición, al vender a su hermano a Egipto; pero al fin, por asombrosas e interesantes providencias, todo salió a la luz (Gn. 42:21-22). La conciencia que durante un tiempo puede parecer dormida, con el tiempo se despertará y hará saber al pecador que es tan fiel al registrar como terrible al acusar. Esto descubrieron los hermanos de José por triste experiencia. Así, Giezi peca secretamente, miente terriblemente y, después de todo, lo defiende firmemente. Pero al final, todo sale a la luz. En vez de vestirse ricamente, él y su posteridad fueron vestidos de lepra para siempre. En lugar de dos vestidos nuevos, Dios los cuelga, encadenados como monumento de su Ira para todas las generaciones (2 R. 5:20). Así, Acán roba, secreta y sacrílegamente14, un manto babilónico muy bueno, doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso. [Él] los esconde en la tierra, en medio de su tienda y, por causa de esto, Israel huye delante de sus enemigos. Pero al fin, Acán es apresado y todo sale a la luz: Su lingote de oro resultó ser una cuña para degollarlo15 y su manto babilónico, un manto para amortajarlo. Josué hace una hoguera de todo lo que, secreta y pecaminosamente, había robado y lo quema a él, a sus hijos y todo lo que tenía en él. ¡Oh, cuán pública y severamente, castiga Dios, a veces, a los hombres por su iniquidad más secreta!
Lo mismo puedes ver en ese gran ejemplo de David. “¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada” —esto fue hecho en una carta secreta— “y tomaste por mujer a su mujer… Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol” (2 S. 12:9-12). David fue muy aplicado y muy laborioso para ocultar su pecado y salvar su reputación. Pero la manera de cubrirlo, hecha con la sangre de Urías, era demasiado corta y demasiado estrecha para ocultar su insensatez con Betsabé. Por eso, cuando hubo hecho todo lo que había podido, su pecado fue lanzado como una pelota de hombre a hombre, a través de la corte, la ciudad y el país…
La conciencia es el espía de Dios en el seno. La conciencia, como un escriba, un registrador16, se sienta en el interior de vuestros corazones con la pluma en la mano y escribe un diario de todos vuestros caminos secretos y crímenes secretos, que están por fuera de la cognición de los hombres. La conciencia anota el tiempo [cuándo], el lugar [dónde], el modo [cómo] y las personas [quiénes] con las que se han cometido tales o cuales maldades secretas. [Lo hace] tan claro y evidente que, vayas donde vayas y hagas lo que puedas, lo escrito sobre ellos nunca será cancelado ni arrasado17 hasta que Dios aparezca en juicio. Que un hombre peque en el retiro más íntimo que la política humana pueda idear; que tome todas las precauciones posibles para ocultar sus pecados, para disimular y cubrir su pecado como lo hizo Adán; sin embargo, la conciencia hará de juez. Aportará las pruebas, presentará la ley, impondrá la pena y dictará la sentencia condenatoria contra él. Hay muchos hombres que hacen una buena profesión y que tienen un gran nombre en el mundo, pero que se condenan a sí mismos por esos pecados secretos que no son evidentes a los ojos del hombre ni castigables por las manos de los hombres. Sí, muchas veces en esta vida, Dios levanta tal infierno de horror y terror en las conciencias de muchos hombres, a causa de sus pecados secretos, que no pueden tener descanso ni tranquilidad, ni en la cama ni en la mesa, ni al acostarse, ni al levantarse. De buena gana, ocultarían sus pecados. No quieren que el mundo sepa cuán viles han sido en secreto. Pero como la conciencia los atormenta y sigue carcomiéndolos, acusándolos y condenándolos, no pueden aguantar más. ¡Ahora, todo ha de salir a la luz! Ahora esos pecados que eran más secretos y ocultos, van a ser publicados desde lo más alto.
Algunos que han estado sometidos a una conciencia angustiada, otros que han sido golpeados por un frenesí18 y muchos, en su mismo sueño, han sido, a menudo, los abanderados y proclamadores de su propia inmundicia y maldad secreta. En esos casos, Dios ha hecho gritar a muchos pecadores secretos con el leproso: “Inmundo, inmundo” (Lv. 13:45); y con Judas, ante todos los presentes: “Yo he pecado” (Mt. 27:4). Muchas veces en esta vida, Dios descubre, de manera muy extraña y maravillosa, esas obras secretas de las tinieblas en las cuales las personas han vivido durante mucho tiempo sin ser descubiertas…
El pecado secreto infunde mucho más respeto y temor hacia los hombres que hacia Dios. Serás injusto en secreto, disoluto en secreto, inmundo en secreto y traicionero en secreto, etc. ¿Por qué? ¿Por qué tienes miedo de que tales o cuales hombres lo sepan, que lo sepan tales o cuales amigos, o que lo sepan tales o cuales parientes? ¡Ay! pobre infeliz, ¿tienes miedo del ojo de un hombre? ¿De un hombre que es mortal y del hijo del hombre que es como heno (Is. 51:12)? Y, ¿aun así, no tiemblas bajo el ojo de Aquel, cuyos ojos son como llama de fuego, agudos y terribles, que penetran hasta las entrañas (Ap. 1:14)? ¡Ay! cuán lleno de ateísmo está el corazón del hombre que, tácitamente19, dice: “¡Si mis pecados están tan sólo ocultos a los ojos del mundo, no me importa, aunque el Señor los conozca, aunque el Señor los observe estrictamente, aunque el Señor ponga una marca, un memorándum20 sobre ellos!”. ¿Qué es esto, oh hombre, sino enfrentarse con Dios, tentarle y provocarle en su propia cara, a quien “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Jn. 1:5-6)? ¡Ay! Pecador, pecador, ¿puede el hombre condenarte? ¿Puede el hombre desheredarte? ¿Puede el hombre llenar tu conciencia de horrores y terrores? ¿Puede el hombre hacer de tu vida un verdadero infierno? ¿Puede el hombre cerrar las puertas de la gloria contra ti? ¿Puede el hombre enviarte a la tumba con una palabra de su boca? Después de todo, ¿puede el hombre arrojarte a tormentos interminables, sin consuelo y sin remedio? ¡Oh, no! ¿Puede Dios hacer todo esto? ¡Oh, sí! ¿Por qué, pues, no se estremece más tu corazón en lamentos ante el ojo del gran Dios que ante el ojo de un pobre, débil y mortal hombre?
He insistido más en este asunto porque no hay cosa en todo el mundo que estorbe más la comunión secreta con Dios y la oración secreta que los pecados secretos. ¡Oh! si todos ustedes se propusieran velar contra los pecados secretos, orar contra los pecados secretos, lamentarse por los pecados secretos, juzgarse y condenarse ustedes mismos, profundamente, por los pecados secretos y, cuidadosa y concienzudamente, rehuir y evitar todas las ocasiones y provocaciones que puedan ser como combustible para los pecados secretos.
13. Viseras – Especie de máscara con visor.
14. Sacrílegamente – Groseramente irrespetuoso hacia el mandato de Dios.
15. Lingote… cuña para cortar – En inglés, juego de palabras (“wedge… wedge”): Una herramienta de filo cortante para ejecutarlo.
16. Registrador – Funcionario designado para llevar un registro detallado de nombres o acontecimientos.
17. Arrasado – Borrado; anulado.
18. Frenesí – Locura temporal.
Tomado de La llave privada del cielo (The Privy Key of Heaven) en Las obras de Thomas Brooks (The Works of Thomas Brooks), Vol. 2, reimpreso por The Banner of Truth Trust, www.banneroftruth.org.
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