Hechos conforme a la imagen santa de Dios
Albert Mohler
“Hechos en la santa imagen de Dios”- El momento específico en el que el discurso sobre el estado de la Unión subrayó la gran división que existe en nuestra cultura con respecto a su cosmovisión
6 de febrero del 2019
Después de posponerlo por una semana debido al cierre parcial del gobierno, el discurso sobre el estado de la Unión del 2019 ha causado una gran impresión. Cuando llegó el momento en el que el presidente Donald Trump hablaría a la nación, vino acompañado de todo el drama que parece exigir este discurso, y un poco más. Ciertamente, las profundas diferencias de cosmovisión que presenta el entorno político actual le restaron importancia a la pompa que suele acompañar este evento. El resultado fue un drama extraordinario de la democracia.
Mucho antes de convertirse en el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump entendía cómo funciona la comunicación televisiva. Comprendía los pormenores de los programas de telerrealidad, de modo que anoche desplegó toda su experiencia. El presidente construyó cuidadosamente sus argumentos y afirmaciones políticas sobre una diversidad de temas, como por ejemplo, la infraestructura, la posición de la mujer en el trabajo y el precio de los medicamentos; ante estas cuestiones, a sus opositores no les quedó más que aplaudir. Demostró que entendía la impresión que causaría este evento y preparó un mensaje que le permitiría presentarse como un estadista de la república con la habilidad de abordar los temas que les conciernen a ambos partidos. El presidente evocó la imagen de Ronald Reagan para instar a un congreso divido a comportarse con grandeza: a procurar resultados, vivir para una gran visión y promover el “destino” de los Estados Unidos de ser un ejemplo para el mundo.
A la vez, el presidente sabía exactamente lo que hacía cuando trató cuestiones que no le ganarían el apoyo de los demócratas y que más bien causarían una discordia extraordinaria. Esto también era parte del plan, y hubo un tema en particular que demostró la gran división que existe en la cosmovisión de la cultura norteamericana.
En su discurso, el presidente habló a favor de una ley para un permiso familiar pagado que cuenta con el apoyo de muchos demócratas e incluso algunos republicanos. Los demócratas se unieron junto con un número del partido del presidente para aplaudir esta propuesta. Sin embargo, las próximas palabras del presidente dieron fin al aplauso bipartidista:
“No puede existir un contraste mayor a la bella imagen de una madre que acuna a su niño en su regazo que el despliegue escalofriante que nuestra nación ha presenciado en días recientes. Legisladores de Nueva York aclamaron con entusiasmo ante la aprobación de una ley que permite que un bebé sea arrancado del vientre de su madre momentos antes del nacimiento. Estas son criaturas hermosas, vivientes, que sienten, pero que nunca tendrán la oportunidad de compartir su amor y sus sueños con el mundo. Además se nos presentó el caso del gobernador de Virginia, quien afirmó que estaría dispuesto a ejecutar a un bebé después de nacer. Para defender la dignidad de toda persona, le pido al Congreso que apruebe la legislación que prohíbe el aborto en las etapas finales del embarazo, cuando el niño puede sentir dolor en el vientre de su madre”.
Las palabras del presidente fueron polémicas, explosivas, y cruciales ya que no solo condenaron el aborto en las etapas finales del embarazo, sino que además llamaron al Congreso a prohibir por completo la barbaridad que en la actualidad se ha legalizado en Nueva York y que se defiende en Virginia.
El aborto reina como el único símbolo sagrado que le queda a la posición política de la izquierda. Lo tratan como un sacramento que aman y defienden a cualquier precio: una cosmovisión que los insta a aprobar leyes como aquella que está ahora en vigencia en el estado de Nueva York.
De hecho, las palabras del presidente subrayaron la gran división que existe sobre algo tan fundamental como lo es la dignidad e inviolabilidad de la vida humana. Cuando el presidente condenó el aborto a finales del embarazo, las cámaras de televisión en la Cámara de Representantes se movieron horizontalmente para mostrar los rostros de los demócratas, que mostraban una expresión fría como la piedra mientras escuchaban en silencio y disgustados. Cuando Donald Trump pidió que se aprobara legislación para dar fin a esta práctica, quedó muy penosamente claro que no estaban de acuerdo con su petición. La ideología y cosmovisión de la izquierda los ha enjaulado dentro de un argumento del que, según lo que aparenta, no tienen la menor intención de escapar. En medio de un discurso que se transmitió a nivel nacional, ante los ojos de toda la nación, los legisladores abrazaron con avidez una cultura que promueve la muerte.
A continuación, el presidente hizo algo sorprendente cuando se expresó de forma sin precedentes en comparación con otros presidentes recientes. Afirmó: “Trabajemos juntos para construir una cultura que valora la vida inocente. Y reafirmemos una verdad fundamental: que todos los niños, tanto antes como después de nacer, están hechos a la imagen santa de Dios”. De este modo afirmó una de las doctrinas más fundamentales de la Escritura, sosteniendo una verdad que define a la humanidad. Es algo que no debemos ignorar. El presidente dejó muy claro que el fundamento para la dignidad humana y la protección de los niños por nacer procede de una cosmovisión bíblica; aquella que afirma que toda la humanidad está hecha a imagen de Dios.
Los de la izquierda no se conmovieron. Permanecieron sentados como estatuas de piedra. Verdaderamente, su cosmovisión no les deja otra opción, lo cual tiene como resultado dos consecuencias horribles. En primer lugar, si el movimiento a favor del aborto es sincero, su lógica debe conducirles hacia el acceso al aborto sin restricción alguna —y esto en cualquier etapa del embarazo y por cualquier razón—. En segundo lugar, la presión que ejerce la cosmovisión que está a favor del aborto ha hecho que el demócrata defensor de la vida sea una especie extinta.
Recientemente, el horror del aborto se ha encontrado esparcido en los titulares de prensa; el discurso del presidente lo ha convertido en el centro de atención nacional. Espero que en los siguientes días, semanas y meses este tema no se esconda debajo de la alfombra; que, al contrario, los líderes de la nación muestren celo y urgencia para aprobar aquella legislación que protege la vida de los que aún se encuentran en el vientre, preciadas criaturas de Dios que están hechas conforme a su santa imagen.
Este artículo se basa en la versión del 6 de febrero del programa The Briefing (El resumen).
Traducido con permiso
La revista Reflexiones se hace responsable de los contenidos que publica aunque no necesariamente esté de acuerdo con todos los postulados doctrinales que a nivel particular profesan los autores de los artículos fuera de esta publicación y por lo que no nos hacemos responsables. La publicación de cualquier artículo por estos autores no significa que apoyamos sus afiliaciones eclesiales. Lo publicamos por el valor de su contenido.