La incredulidad
J.C Ryle
“No hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos” (Mateo 13:58).
Podemos ver en esta pequeña frase el secreto de la ruina eterna de multitudes de almas. Perecen para siempre porque no quieren creer.
No hay ninguna otra cosa, ni en la Tierra ni en el Cielo, que les impida ser salvos; todos sus pecados, por muchos que sean, se les pueden perdonar; el amor del Padre está preparado para recibirlos; la sangre de Cristo está preparada para limpiarlos; el poder del Espíritu está preparado para renovarlos. Pero se alza en el medio una gran barrera: no quieren creer. “No queréis venir a mí -dice Jesús- para que tengáis vida” (Juan 5:40).
¡Ojalá todos estemos alerta ante los ataques de este pecado maldito! Es el antiguo pecado original que ocasionó la Caída del hombre. Aunque haya sido podado en el auténtico hijo de Dios por el poder del Espíritu, siempre está listo para brotar y crecer de nuevo.
Hay tres grandes enemigos contra los que los hijos de Dios deberían orar a diario: el orgullo, la mundanalidad y la incredulidad. De ellos, el mayor es la incredulidad.
Extracto de “Mateo, Meditaciones sobre los Evangelios ” por J.C. Ryle. Reservados todos los derechos.