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Como el que toma un perro por las orejas

1214205217George Lawson
Como el que toma un perro por las orejas, así es el que pasa y se entremete en contienda que no es suya (Proverbios 26:17).
Es difícil que el que toma un perro por las orejas se libre de recibir alguna herida, porque el enfurecido perro callejero se asegurará de saltar sobre él tan pronto como se encuentre libre; y el que se interesa en disputas que no son asunto suyo tiene las mismas escasas posibilidades de salir ileso.
Es una insensatez que peleemos por nuestras propias cuestiones si podemos evitarlo, porque la contienda es como un abismo impenetrable donde el hombre puede meterse fácilmente, pero luego tendrá grandes dificultades para salir de allí.
Sin embargo, la necedad de los hombres se eleva a tales grados que se enzarzan en peleas que no afectan lo más mínimo a sus intereses, porque no pueden obtener ningún beneficio con ellas, y es muy probable que les causen muchos daños. Si logramos poner paz interponiéndonos entre las partes contendientes y las convencemos, con espíritu de mansedumbre, de que arreglen sus diferencias, estaremos haciendo una muy buena obra y nos expondremos a poco más peligro del que pueda correr un hombre que arroja un pedazo de pan a un perro; no obstante, si cualquiera de las partes tiene espíritu contencioso, sus pasiones iracundas pueden llevarle a decir cosas muy desagradables al mediador más amistoso, como hicieron los israelitas belicosos contra Moisés en una ocasión similar. Pero si participamos en la disputa poniéndonos del lado de una de las partes, bien recibiremos golpes, bien oiremos cosas que inflamarán el fuego de nuestras propias pasiones hasta convertirlas en furia, o bien sufriremos algún daño en otra ocasión a manos de la persona a quien hayamos ofendido.
El apóstol Pedro nos insinúa que los hombres son susceptibles de padecer de esta forma, y que este tipo de sufrimientos no conviene a los santos. “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” (1 P. 4:15).
Por tanto, procuremos tener tranquilidad, y ocuparnos en nuestros negocios (cf. 1 Ts. 4:11), y esto impedirá que nos entrometamos en los asuntos de los demás.
Extracto de “Comentario a Proverbios” por George Lawson. Reservados todos los derechos.

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