La gloria de los jóvenes y la honra de los ancianos
George Lawson
La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas (Proverbios 20:29).
Tener la misma edad y el mismo temperamento genera cariño y amistad de forma natural, pero la diferencia de edad y de carácter suele producir, por desgracia, distanciamiento mutuo. Para remediarlo, el sabio recuerda a los jóvenes y a los ancianos que cada grupo posee diferentes cualidades que deberían impulsarles a tenerse cariño los unos a los otros.
Los ancianos no habrían de despreciar a los jóvenes por su falta de experiencia y de seriedad, porque Dios los ha honrado con el vigor corporal, que les capacita para servir activamente a Dios y a su generación. ¿Cómo iban los ancianos a defender sus vidas y sus propiedades, o cómo podrían subsistir, si no contaran con la ayuda de la fuerza de los jóvenes?
Mucho peor es que los jóvenes desprecien a los ancianos por su debilidad, o por esa irritabilidad de carácter que es tan frecuente en la vejez. Porque Dios les ha favorecido con largura de días y los ha coronado con canas, símbolo de experiencia, y es de esperar que también con sabiduría. Si la cabeza canosa es la honra de los ancianos, debería suscitar el respeto de los jóvenes, a quienes Dios ordena que se pongan en pie delante de las canas y que honren al anciano (cf. Lv. 19:32).
Luis XI de Francia decía que habría sido capaz de conquistar todo el mundo si de joven hubiera dispuesto de toda esa sabiduría que luego había ido adquiriendo durante la vida, o si en su vejez aún estuviera en posesión del vigor de los jóvenes. Parece que fue mejor para la Humanidad que no llegase a poseer ambas cualidades a la vez. Dios es sabio y bueno a la hora de distribuir sus dones entre los hombres de todos los rangos y de todas las edades, para que ninguno, por disponer de todas las buenas cualidades, se convierta en un ídolo para sí mismo y para los demás, y para que nadie, por carecer de todo lo valioso, llegue a ser objeto de desprecio.
Los jóvenes, pues, deben guardarse de deshonrar su gloria por abusar de su fuerza sirviendo al pecado. Y los ancianos han de esforzarse por hacer que los demás veneren sus canas por su sabiduría y su piedad, por su alegría y el dominio de su temperamento. Finalmente, los ancianos tienen que recordar que también ellos fueron jóvenes, y los jóvenes deben tener presente que ya se alegrarían si llegaran a viejos.
Extracto de “Comentario a Proverbios” por George Lawson. Reservados todos los derechos. Este libro está disponible en Cristianismo Histórico.