La relación entre un maestro y su discípulo
Eugenio Piñero
Lucas 6:40, “Un discípulo no está por encima de su maestro; mas todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro”.
Esta expresión es la clave para entender las dimensiones de la vida de un verdadero profeta de Dios. Presenta un conjunto de elementos que explican lo que era un profeta. Una preparación completa bajo las instrucciones de un buen maestro, hará que su discípulo, si las obedece, sea como su maestro. Elías fue un buen maestro y Eliseo un buen discípulo. Es obvio que la influencia y guía que Eliseo recibió de Elías moldeó su persona y le prepararon para desempeñar su oficio. Cuando Elías se encontró con el rey Acab, para entregarle el mensaje de Dios, Elías le dijo: “Vive el Señor, Dios de Israel, delante de quien estoy” (1 Reyes 17:1). Esta expresión es la clave para entender la dimensión completa de la vida de un verdadero profeta de Dios. Presenta un conjunto variado de elementos que explica lo que el profeta era como hombre.
1) El profeta era un hombre que vivía su vida consciente de la presencia de Dios. Ahora, para que podamos ver algo de la influencia de Elías sobre Eliseo, observemos: la manera en que Eliseo respondió a los reyes que fueron a consultarle. 2 Reyes 3:14, “Y Eliseo dijo: ‘Vive el Señor de los ejércitos, ante quien estoy”. ¿Por qué Eliseo habló como lo hizo Elías ante el rey Acab? ¿Acaso estaba repitiendo esta fórmula como una cotorra? ¿Se dirigió a estos reyes, y en particular al Rey de Israel, porque más o menos esta es la misma forma oficial en que hablaban los profetas? Eliseo habló de esta manera porque el ejemplo de Elías le enseñó a vivir como el profeta vivió. Como discípulo aprendió de aquel hombre con más experiencia y conocimiento los principios que gobiernan la vida de un profeta de Dios.
1. Aprendió cómo el profeta tenía que representar a Dios delante del pueblo.
2. Aprendió las cosas que producen gozo en el profeta y le estimulan a seguir sirviendo al Señor.
3. Aprendió a evitar los errores que cometen algunos profetas.
4. Aprendió de Elías a perseverar y prevalecer en la oración.
Compare 1 Reyes 17:19-22 con 2 Reyes 4:32-36 y Santiago 5:17-18.
Por medio de la asimilación espiritual y la imitación, Eliseo llegó a ser un hombre del mismo sentir de Elías. Estas cosas nos muestran un principio importante sobre la obra de Dios. El principio aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: que Dios nunca está de prisa para formar a un hombre en un hombre de Dios y Él, generalmente, forma a un hombre poniéndole a aprender de otro hombre de Dios. La relación entre Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Pablo y Timoteo, Pablo y Tito, y de Jesús y Sus discípulos son ejemplos de este principio.
Dios generalmente usa medios para hacer Su obra y para formar a aquel que Él llama a ser un hombre de Dios. Uno de esos medios es la relación íntima en la que un hombre aprende de otro hombre de Dios. En esa relación, un hombre aprende del ejemplo y la influencia del otro. No solo aprende doctrina, sino que también aprende a aplicarla a su propia vida. Pablo entendía que muchas cosas se aprenden por imitación: viendo a otro, estando con él, conversando con él, riéndose con él, trabajando con él y orando con él.
Por esta razón, Pablo dijo a los Corintios, “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” (1 Corintios 11:1). “Hermanos, sed imitadores míos, y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 3:17). A Timoteo Pablo le dice: “Pero tú has seguido mi enseñanza, conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia, persecuciones, sufrimientos…Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido” (2 Timoteo 3:10-11a, 14a). Pablo le dijo a los ancianos de Éfeso: “Vosotros bien sabéis cómo he sido con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que estuve en Asia” (Hechos 20:18). En otras palabras, el Apóstol les recordó cómo él se había conducido entre ellos; les recordó el ejemplo que él les dio mientras pastoreaba sus almas. Él les recordó su enseñanza y ejemplo (Hechos 20:18-35). Según las demandas espirituales de su oficio y su persona, esto fue lo que Dios usó para formar a hombres como Timoteo y Tito y convertirlos en pastores fieles del Nuevo Pacto. Aprendieron a pastorear las almas al ser ellos mismos pastoreados por el Apóstol.
Pablo en Hechos 20:31, 35a declara, “Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas…En todo os mostré…” “Ustedes no solo me oyeron, sino que también vieron mi ejemplo”. Su vida ejemplar como pastor era el modelo que estos hombres debían seguir e imitar. Hebreos 13:7 declara, “Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe”. ¿Imitad qué? ¿Su idiosincrasia? No. ¿Sus pecados? No. Imitad su fe. ¿Quienes son los que ellos tenían que imitar? ¿Los gurús religiosos? No. ¿Las personalidades del pasado o de la actualidad? No. Imitad a vuestros pastores. Por otra parte, hay quienes quieren pastorear sin haber aprendido de otros pastores bíblicos calificados y probados, y sin que ellos mismos hayan sido pastoreados. Esto es un error.
¿Confiarías tú tu vida a un doctor que nunca fue enseñado por otro? ¿Confiarías tú en una sala de operaciones tu vida a un doctor que no tiene experiencia, ni está bajo la supervisión de otro médico con experiencia? La respuesta no. Más bien, buscarías a un doctor con experiencia que fuera el que operara o estuviera presente supervisando a ese otro doctor que tiene menos experiencia.
Después que Eliseo recibió su llamado, entró en un programa especial de formación piadosa, práctica, profética y pastoral por diez años. ¡Esta formación fue hecha a la medida, según las demandas espirituales de su oficio, su persona y el pueblo que él iba a pastorear! Aunque Eliseo no cesó de mantener un espíritu enseñable, aunque él no cesó de aprender después de la partida de su mentor, estos años bajo la guía, enseñanza e influencia de Elías fueron un período de intensa preparación. Durante ese tiempo, la preocupación mayor no fue el mensaje que Elías daría a su pueblo por medio de Eliseo, sino lo que Dios haría para formar el carácter de Eliseo mientras que Eliseo vivía, oraba, conversaba, andaba, reía y lloraba con el profeta Elías.
Eliseo aprendió mucho mientras hablaba con Elías. 2 Reyes 2:11, “Y aconteció que mientras ellos iban andando y hablando…” Estas tres palabras describen la relación que estos dos hombres sostuvieron en ese tiempo de aprendizaje de Eliseo. Para tratar asuntos de conciencia, ciertamente Eliseo hizo preguntas a Elías sobre su experiencia, sobre su caminar con Dios, sobre las luchas con Dios, sobre las luchas del alma, sobre los caminos de Dios y sobre las profecías mesiánicas.
Como otro dijo, “No hay duda que Elías habló con Eliseo sobre sus propias luchas, sobre la fe y la incredulidad, como su fe prevaleció sobre sus sentimientos, pasiones, dudas y circunstancias; sin duda, Eliseo hizo múltiples preguntas a Elías sobre su andar con Dios”. Sobre su comunión con Él y sobre otros asuntos relacionados con el ministerio profético. Eliseo tomó la posición de discípulo delante de aquel maestro que Dios le había asignado para poder aprender más de los caminos de Dios, de su función como profeta y de cómo dirigir al pueblo de Dios. Él pudo aprender de Elías porque dio muerte a su pecado y cultivó un espíritu enseñable y sumiso. Por otra parte, no dejó que las pasiones, las debilidades y las deficiencias de Elías se convirtieran en un obstáculo que le detuviera de aprender de su mentor.
Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras. Sin embargo, Eliseo aprendió a cubrir las faltas de Elías que él debía cubrir con un manto de amor, faltas o pecados que no eran incoherentes con estar en un estado de gracia, ni eran cosas escandalosas. Eliseo tampoco permitió que las debilidades de Elías fueran un obstáculo para él aprender todo lo que tenía que aprender de su mentor, amigo, guía espiritual y compañero. Su enfoque era observar e imitar las buenas costumbres, el buen carácter y la buena conducta de Elías.
Esto es lo que nosotros deberíamos hacer para poder crecer espiritualmente y llegar a ser cristianos maduros, instrumentos en las manos del Señor.
2 Pedro 1:5-11, “Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis; pues de esta manera os será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
*Nota: Dedico este artículo a los miembros y amigos de la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen que he aprendido a amar en el Señor, cuyo apoyo y oraciones bíblicas han fortalecido y santificado mi alma, encaminándola por el camino al cielo.
Reconozco también la ayuda que he recibido por más de 50 años del Pastor Albert N. Martin, a quién tanto le debo por su sana enseñanza, buena conducta y buen ejemplo. Lo que enseño, lo hago porque es mi propia convicción de que es lo que enseña la Palabra de Dios, pero confieso que no soy un escritor original, sino que lo que he aprendido de mi mentor, que es bíblico, lo enseño porque es mi propia convicción bíblica. Ha sido un privilegio para mi todos estos años poder tener un ejemplo de un hombre fiel y apto para enseñar a otros. No comprendo la providencia de Dios ni intento obtener un conocimiento que Él no ha revelado en Su Palabra. Sin embargo, doy gracias a Dios por haberme permitido de una manera personal aprender de este siervo de Dios y otros que han sido mis mentores y guías espirituales. Cuando lean cualquier otro artículo u obra literaria que salga de mi despacho, tengan en cuenta estas cosas.*
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