Esforzaos por entrar por la puerta estrecha (parte 2)
“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán” (Lucas 13:24).
En una ocasión hubo un hombre que hizo una pregunta muy profunda a nuestro Señor Jesús. Le dijo: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23).
No sabemos quién era este hombre. No se nos dice qué motivos tenía para formular esa pregunta. Quizá deseaba satisfacer su curiosidad ociosa; tal vez quería una excusa para no buscar la salvación. El Espíritu Santo nos ha ocultado todo esto: tanto el nombre como los motivos de la persona que hizo la pregunta están velados.
Pero hay una cosa que resulta muy clara, y es la vasta importancia que tienen las palabras que nuestro Señor pronunció a raíz de aquella pregunta. Jesus aprovechó la oportunidad para dirigir las mentes de todos los que estaban a su alrededor hacia su propio deber. Conocía la línea de pensamiento que la pregunta del hombre había despertado en sus corazones: veía lo que estaba ocurriendo dentro de ellos. “Esforzaos –clama Él- por entrar por la puerta angosta”. Ya sea que se salven pocos o muchos, tu camino está claro: esforzarte por entrar. Ahora es el tiempo propicio. Ahora es el día de salvación (2 Corintios 6:2). Vendrá el día cuando “muchos tratarán de entrar y no podrán”. “Esforzaos a entrar (ahora)”.
Deseo que todos los que estamos aquí escuchando atendamos seriamente a las solemnes lecciones que pretende enseñar este pasaje de la Escritura.
Estas palabras del Señor Jesús enseñan inequívocamente aquella poderosa verdad: muestra propia responsabilidad personal con respecto a la salvación de nuestras almas. Muestra el inmenso peligro de posponer la gran cuestión de la religión, como hacen muchos tan alegremente. En cada uno de estos dos aspectos, el testimonio de nuestro Señor Jesucristo en el texto es claro. Él, que es el Dios eterno, y que habló palabras de perfecta sabiduria, dice a los hijos de los hombres: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos tratarán de entrar, y no podrán”.
Vamos a dividir este texto en tres puntos:
- En estas palabras encontramos una descripción del camino de salvación. Jesus lo llama “la puerta angosta”.
- Encontramos un mandato sencillo. Jesús dice: “esforzaos a entrar”.
- Encontramos una profecía terrible. Jesus dice: “Muchos tratarán de entrar y no podrán”
¡Que el Espíritu Santo aplique estas enseñanzas a los corazones de todos aquellos que oyen! Que todos podamos conocer el Camino de salvación por experiencia, obedecer el mandato del Señor en la práctica y ser hallados salvos en el gran día de su segunda venida!
- Encontramos un mandato sencillo. Jesús dice: “esforzaos a entrar”.
¿Qué es esforzarse para la vida eterna?
Jesús nos enseñó que la vida cristiana es una lucha continua. Cuando dijo: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha” (Lucas 13:24), la palabra griega detrás de “esforzarse” es reconocible en la transliteración al español: agonizomai. Puedes ver la palabra agonizar en esa palabra griega. La implicación es que debemos pelear, luchar y esforzarnos. Pero el hecho más importante sobre la palabra “esforzarse” es que el otro lugar donde la encontramos en los labios de Jesús es Juan 18:36, donde dice que sus discípulos estarían “luchando” si su reino fuera de este mundo. “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis siervos estarían peleando [ēgōnizonto], para que yo no fuera entregado a los judíos”. Así que aquí la frase “esfuérzate por entrar” significa que entrar es una batalla.
No estamos hablando de lo que cuesta salvar el alma de un hombre. Sé bien que cuesta nada menos que la sangre del Hijo de Dios para proveer expiación y redimir al hombre del pecado. El precio pagado por nuestra redención fue nada menos que la muerte de Jesucristo en el Calvario. Nosotros “somos comprados por precio”. “Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos” (1Co 6:20; 1Ti 2:6).
El punto que quiero considerar es otro. Es aquello a lo que un hombre debe estar dispuesto a renunciar si desea ser salvo. Es la cantidad de sacrificio a la que un hombre debe someterse si tiene la intención de servir a Cristo.
El Señor Jesus en otros pasajes amonesta a las personas a venir a Él. Por ejemplo, Juan 6:27-28 nos dice que el Señor amonestó a los que le buscaban por la comida y los milagros, a trabajar para obtener por la fe el alimento que da la vida eterna, el cual es el mismo Cristo. Debian estar dispuesto a despojarse de toda confianza carnal y poner su fe en Cristo. Requeria un gran esfuerzo por parte de ellos, y el pasaje nos enseña que prefirieron perderse en vez de esforzarse a entrar por la puerta estrecha que conduce a la vida (Juan 6:66-67).
Es notable que otros escritores del NT presenten una imagen similar de “esforzarse” en el contexto de la salvación.
Pedro exhorta a sus lectores…
Por lo tanto, hermanos, sed tanto más diligentes (imperativo aoristo = orden de hacer esto ahora! ¡No se demoren!) para estar seguros acerca de Su llamado y elección de ustedes; porque mientras practiques estas cosas (2Pe 1:5-nota 2Pe 1:6 7-nota), nunca tropezarás; porque de esta manera os será abundantemente facilitada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Ped 1:10)
En Hebreos, en el contexto de los recordatorios de que muchos en Israel no entraron por fe en el reposo de Dios, el escritor exhorta a sus lectores…
Por tanto (por el peligro de la “falsa fe” Heb 3:18, 19), temamos si permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parece no haberla alcanzado. Porque ciertamente a nosotros se nos ha anunciado buenas nuevas, lo mismo que a ellos; pero la palabra que oyeron no les aprovechó, porque no fue unida por la fe en los que oyeron. (Hebreos 4:1)
Por tanto (por el riesgo de no entrar y la recompensa de entrar en el reposo de Dios) seamos diligentes (mismo verbo usado en la exhortación de Pedro arriba = spoudazo) para entrar en ese reposo, para que nadie caiga, siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia. (Hebreos 4:11)
En el contexto de Hebreos 3 y Hebreos 4 la exhortación es ser diligentes para concentrar su fuerza en lograr la meta de entrar en el Descanso prometido de Dios en Cristo. Diligencia en este sentido es similar a la idea de esforzarse en Lc 13:24 en que habla de una intensidad de propósito seguida por una intensidad de esfuerzo hacia la realización de ese propósito, de entrada a través de la Puerta estrecha de Jesús por la gracia a través de la fe.
- Consideremos algunas enseñanzas que el Señor quería que aprendiéramos de la palabra “esforzaos”.
- La palabra esforzaos nos enseña que el hombre es un ser responsable. El Señor no dice que somos personas que solo deben desear y esperar sin hacer nada. El dice: Esforzaos. Es malvada la religión que enseña que el hombre sólo debe continuar en su pecado esperando que Dios haga una obra por él. Eso es tan malo como enseñar a la gente que no es culpa suya el pecado y que Dios es el único culpable si no se salvan. Al contrario el Señor dice: “Ven, arrepientete, cree, trabaja, pide, busca, llama” (Mateo 11:28; Lucas 13:3,5; Juan 3:18; Juan 6:27; Mateo 7:7). La obra de Salvación es completamente de Dios, y el hombre es completamente responsable delante de Él. He ahí la relevancia de esta palabra: esforzaos.
- Esforzaos nos enseña que el hombre debe esperar muchos adversarios y una dura batalla si quiere que su alma sea salva. Y esto, en la práctica, es estrictamente cierto. En lo espiritual, va a tener un precio para pagar. Ese león rugiente, el diablo (1 Pedro 5:8), nunca dejará escapar un alma de sus redes sin lucha. El corazón, que por naturaleza es sensual y terrenal, jamás volverá a las cosas espirituales sin una batalla diaria (Lucas 9:23-24). El mundo, con toda su oposición y sus tentaciones, nunca será vencido sin conflicto (Juan 3:19; Juan 15:19). De muchas maneras el mundo muestra su desagrado con el creyente, y su oposición a la fe. Considere a Daniel y sus amigos (Daniel 3 y 6); la justicia de Cristo hacía arder la ira de muchos en los días de su carne; y el mismo Señor nos advierte que aun los de nuestra propia casa podrían ponerse en nuestra contra (Mateo 10:32-38). ¿Pero por qué habría de sorprendernos todo esto? ¿Qué se ha hecho nunca de grande y de bueno sin problemas? “El reino de los cielos (Los violentos) lo conquistan por la fuerza” (Mateo 11:12). El hombre debe esforzarse.
- Esforzaos nos enseña que merece la pena que el hombre busque la salvación. Bien podemos decirlo, si hay algo por lo que vale la pena luchar en este mundo, es la prosperidad del alma. Las cosas por las que lucha la gran mayoría de los hombres son pobres e insignificantes en comparación. Las riquezas, la grandeza, el rango y la educación son una corona corruptible (1 Cor. 9:25). Las cosas incorruptibles están todas del otro lado de la puerta estrecha. “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7), la gozosa esperanza “de los bienes venideros” (Hebreos 9:11), la seguridad de que el Espíritu Santo mora en nosotros, la conciencia de que estamos perdonados, que somos salvos, que estamos preparados y confirmados para el día de Jesucristo, que vamos a recibir provisión en esta vida y en la eternidad sin importar lo que pueda ocurrir; estas cosas son el verdadero oro, y las riquezas auténticas y duraderas. Bien puede el Señor llamarnos a que nos esforcemos.
Aplicaciones
Una solemne advertencia a quienes no se esfuerzan.
Esa palabra esforzaos, debe provoca pensamientos solemnes. Está llena de condenación para miles de personas que dicen ser creyentes. Condena los caminos y las prácticas de miles de personas que profesan la fe y se llaman cristianos. Hay muchos que no juran, no asesinan, ni cometen adulterio, ni roban, ni mienten; pero desgraciadamente, hay una cosa que no se puede decir de ellos; no se puede decir que se esfuercen por ser salvos. La indiferencia y la negligencia han tomado posesión de sus corazones en todo lo que concierne a la religión. En cuantos a las cosas del mundo son muy activos: se levantan de madrugada y se acuestan tarde (Salmo 127:2), trabajan, se agotan, se afanan, se turban; pero nunca se “esfuerzan” lo más mínimo por la única cosa necesaria (Lucas 10:41-42).
La parábola de la gran cena es una representación exacta de las cosas que vemos en nuestros días (Lucas 14:16-24). El Señor dice que los hombres se excusan. Uno tiene un terreno que ver; otro quiere probar su buey; otro tiene impedimentos familiares. Es una gran pena ver cómo los hombres pierden sus almas. Es lamentable pensar que han tenido la vida eterna tan cerca y, sin embargo, se van a perder porque no han querido “esforzarse” por entrar y ser salvos.
No sé en qué estado se encuentra su alma. Pero le advierto que se guarde de no perecer para siempre por no esforzarse. No hace falta un pecado terrible para llevarlo al pozo de la destrucción. Solo tiene que sentarse tranquilamente y no hacer nada, y acabará allí. Algunos andan en rebeldía cómo Caín, Acab o Judas. Pero hay otro camino que conduce al infierno y que es igual de seguro: la senda de la indolencia, la pereza y la vagancia espiritual. Satanás no pone objeciones a que sea un respetable miembro de una iglesia cristiana, ni tiene problema que se siente en el culto todos los domingos de su vida. Sabe perfectamente que, mientras no se esfuerce, al final tendrá que ir al fuego que no se apaga (Marcos 9:44). Guárdese de no acabar así. Lo digo una vez más: para perderse sólo tiene que hacer nada.
Una palabra de ánimo.
Si ha aprendido a esforzarse por la prosperidad de su alma, le animo a que nunca piense que puede llegar demasiado lejos. Jamás deje campo libre a la idea que está tomando demasiadas molestias por su estado espiritual y que no hace falta preocuparse tanto. Más bien afirme en su mente el pensamiento de que “en todo trabajo hay ganancia” (Proverbios 14:23) y que ningún trabajo es más beneficioso que el que se aplica al alma. Póngase en guardia contra la más ligera inclinación que pueda sentir a descuidar los medios de gracia. Vigile que no esté descuidando la oración, la lectura de la Biblia, y la comunión personal con Dios. guárdese de no dar lugar a una manera irreflexiva y perezosa de participar en los cultos públicos de la casa de Dios. Luche contra cualquier tendencia que pueda llevarlo a dormirse, murmurar o criticar mientras escucha la predicación del evangelio. Todo lo que haga para Dios, hágalo “con todo el corazón…, con toda su mente, y con toda su fuerza” (Marcos 12:30).
No se preocupe por lo que los demás piensan. Que baste con saber que su Señor le dice: esfuérzate.
Aunque hoy vivir con esfuerzo para el reino de los cielos sea tomado como algo necio, no olvide que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que ha de venir (Romanos 8:18).
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