Diversidad y unidad
Eugenio Piñero
En su carta a los cristianos en Roma, el apóstol Pablo escribe sobre la importancia de la diversidad y la unidad en la iglesia local y la relación entre ambas cosas. La diversidad entre los miembros no se opone a la unidad del cuerpo local de Cristo si los miembros de la iglesia cumplen su función.
Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 12, versículos 4 y 5, dice a los creyentes: “Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros”.
Sobre este tema, William Hendricksen declara: “La diversidad sin unidad significa confusión. La unidad sin diversidad significa monotonía. Tal como sucede en el cuerpo humano, así debe suceder en la iglesia: se necesitan la unidad y la diversidad, y ambas han sido provistas.
Imagínese, por ejemplo, un matrimonio caracterizado por una unidad no diversificada. Al elegir ropa, el novio prefiere el azul. También hace lo mismo la novia. Al salir a cenar, ella le indica al camarero lo que desea comer. El dice, ‘Lo mismo para mí’. Los dos usan la misma pasta dentífrica, usan la misma clase de anteojos, hablan con el mismo acento, etc., etc. ¡Qué matrimonio tan desabrido y monótono! Feliz el matrimonio cristiano en el que hay unidad, respecto a las creencias y prácticas religiosas fundamentales, pero variedad en gustos y talentos. Mientras esta variedad se mantenga como sierva de la unidad, y esta unidad sea amiga de la diversidad, todo andará bien. Y esto es cierto también del cuerpo humano y de la iglesia, de la cual este es símbolo”.
En su primera epístola a los 1 Corintios, capítulo 12, versículos 12-21, Pablo declara: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si el pie dijera: Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. Y si el oído dijera: Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo fuera oído, ¿qué sería del olfato? Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó. Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo. Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito”.
Diversidad en dones y experiencias, unidad en doctrina y práctica según las Escrituras producen armonía, orden y paz. Cuando estas no están en la iglesia local, habrá confusión y división; cosas que no honran a Cristo y no dan testimonio del poder transformador, santificador y unificador del evangelio. Puede haber diferencias en juicio, gustos y preferencias personales, diversidad de dones y experiencia, pero si los miembros de la iglesia local no tienen la misma doctrina y práctica, no podrán gozar de la unidad que agrada a Dios y Él bendice.
Pablo nos exhorta, “Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros. Sino que estéis perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer”.
Por lo tanto, mantengamos la diversidad y la unidad en la iglesia, esperando la bendición que el Señor nos ha prometido. Salmo 133:1-3, “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía… porque allí mandó el Señor la bendición, la vida para siempre”.
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