Un examen de los pecados ocultos I
Obadiah Sedgwick
“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Salmos 19:12).
El deseo de una persona santa es ser limpiada, no sólo de los pecados públicos, sino también de los pecados privados y ocultos. “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará?” (Ro. 7:24), dijo Pablo. ¡Oh bendito Apóstol! ¿Qué es lo que te aprisiona? ¿Qué es lo que te perturba? Tu vida, dices, era irreprensible antes de tu conversión y después de tu conversión (Fil. 3:4-7). Has procurado tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres (Hch. 24:16). Sin embargo, clamas: “¡Oh miserable de mí!”. No obstante, te quejas: “¿Quién me librará?”. En verdad hermanos, no era un pecado público, sino uno dentro de casa. No era el pecado externo, sino —en este momento— el pecado interno. No era el pecado de Pablo contra otro hombre, sino el pecado de Pablo contra Pablo. Era esa “ley de sus miembros” peleando, secretamente, dentro de él contra “la ley de su mente” (Ro. 7:23). Esto hizo que aquel hombre santo clamara tanto, que se quejara tanto. Así como Rebeca estaba fastidiada de su vida —como leemos, no por inquietudes ajenas1, sino por problemas domésticos: las hijas de Het dentro de la casa le fastidiaban la vida (Gn. 27:46)— así, el nacimiento privado y secreto de la corrupción dentro de Pablo… era la causa de su problema. Ese era el motivo de sus exclamaciones y deseos: “¿Quién me librará?”.
Recuerdo que el mismo Pablo, aconsejó a los efesios que se despojaran de su pasada manera de vivir para que pudieran revestirse del espíritu de una mente renovada, dando a entender que hay pecados que acechan en el interior, así como pecados que rondan el exterior (Ef. 4:22-23). Los verdaderos cristianos, no sólo deben barrer la puerta, sino también lavar la habitación. Lo que quiero decir es esto: No sólo debemos despojarnos de los pecados que se manifiestan abiertamente en la conducta, sino que también debemos trabajar para ser limpiados de los pecados que permanecen secretos y ocultos en el espíritu y en la disposición interior…
¿EN QUÉ SENTIDO SON LLAMADOS PECADOS OCULTOS? Para entender esto, debe saberse que el pecado tiene una doble referencia:
Puede referirse a Dios: Y de esta manera, ningún pecado o forma de pecar es, realmente, oculto. “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jer. 23:24). Es cierto que los hombres malvados, en una locura atea, se imaginan a sí mismos y a sus caminos pecaminosos, ocultándose de Dios. “¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?!” (Is. 29:15)… Sin embargo, no hay nube, ni cortina, ni momento de oscuridad o secreto entre los ojos de Dios y los caminos del hombre. “Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas” (Pr. 5:21). Él habla, principalmente, de los caminos del adúltero que, usualmente, se traman en el más astuto secreto; sin embargo, Dios ve todos esos caminos. “No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He. 4:13)…
El pecado también puede referirse al hombre: Y así, en efecto, el pecado se divide en: Primero, manifiesto y, segundo, oculto. Ahora bien, a este respecto, el pecado puede denominarse oculto de diversas maneras:
1. Con respecto a la persona que peca: Cuando su propio pecado, formalmente considerado, le es oculto a sí mismo. Hace una cosa que es realmente pecaminosa, pero para él no lo es aprehensivamente2. [Vemos esto en los] ultrajes que Pablo profirió contra la Iglesia en los tiempos de su ignorancia y que él no sabía que eran actos de pecado, sino que pensaba que eran acciones de un celo justificado. En este sentido, todas las ofensas que pueden atribuirse, al menos a la ignorancia invencible3, pueden llamarse pecados ocultos.
2. Con respecto a la manera de pecar: Así, los pecados pueden ser llamados ocultos: (1) Cuando están coloreados y disfrazados, aunque, vuelan al exterior4, sin embargo, no bajo ese nombre [de pecado], sino revestidos con algunas apariencias de virtudes. (2) Cuando se mantienen alejados del escenario del mundo. Son como el fuego en la chimenea. Aunque no lo veas, sin embargo, arde. Muchas personas, como las del libro de Ezequiel, cometen abominaciones en secreto, mientras la mirada pública no está sobre ellas. Él es pecador y actúa con la mayor vileza. Toda la diferencia entre otro pecador y él es ésta: él es un pecador, pero el otro admite que es pecador. Lo mismo sucede con un libro abierto y un libro cerrado. El que está cerrado tiene las mismas páginas y palabras, pero las páginas del que está abierto se pueden ver y leer. (3) Cuando se ocultan, no sólo de la mirada pública, sino también de cualquier mirada de un mortal. La mirada carnal de quien comete los pecados, no los ve. Los ve con el ojo de la conciencia, pero no con el ojo del sentido natural. Incluso aquellas personas con las que se relaciona y que elogian altamente la naturaleza de sus caminos, no pueden ver las razones secretas y las acciones del pecado en su mente y corazón. ¡Hermanos, no todas las acciones del pecado son externas! No son visibles. Pero hay algunas, sí, las más peligrosas que actúan dentro del alma, donde la corrupción yace como una fuente y una raíz. El corazón del hombre es un esquema5 de maldad. Un hombre dice en su corazón, lo que no se atreve a decir con su lengua y su pensamiento hará lo que sus manos no se atreven a ejecutar. Pues bien, el pecado puede llamarse oculto cuando es pecado y actúa como pecado, incluso allí [en el corazón], donde nadie más que Dios y la conciencia pueden ver.
Creo que el pecado es como una vela en un farol, donde el resplandor primero está dentro y luego, estalla a la vista por los cristales, o como los forúnculos y humores ulcerosos6 que son como las costras y materias del escorbuto7. Primero están dentro de la piel y después, estallan a la vista en el exterior. Lo mismo ocurre con el pecado. Es un humor maligno y una lepra irritante8, expandiéndose en varios actos y operaciones secretas dentro de la mente. Luego, sale al exterior y se atreve a aventurar su práctica a los ojos del mundo. Aunque ese pecado nunca vea la luz, sigue siendo como un niño que está vivo, pero oculto en el vientre. Sin embargo, como ese niño es un hombre —un verdadero hombre allí encerrado en ese marco oculto de la naturaleza— así, el pecado es verdaderamente pecado, aunque nunca salga más allá del vientre que lo concibió y le dio vida…
Pero, ¿cuáles eran esos pecados ocultos de los que David deseaba ser limpiado? No, eso es un secreto. Él no presenta ninguno porque su deseo es ser librado de cada uno… Pero ¿por qué nosotros deberíamos desear ser limpiados de los pecados ocultos, ya sea de acciones secretas o de motivos secretos? Te daré varias razones para ello:
1. Porque los pecados ocultos se convertirán en pecados públicos si no son purificados. Es con el alma como es con el cuerpo, donde las enfermedades, primero se engendran y luego, se manifiestan. Y si no las extirpas en su raíz, pronto verás brotar su fruto. Es como el fuego que se enciende primero en el interior de la casa y allí, si no lo sofocas, se abrirá camino para llegar al exterior. “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado” (Stg. 1:15). Amados, recuerden esto: Aunque el primer terreno del pecado está dentro del corazón, la propensión9 del pecado es salir al público. El niño en el vientre no presenta agonías más fuertes para salir de su alojamiento privado, que el pecado secretamente forjado para volar a la acción abierta y manifiesta. Amnón [estaba] enfermo con las concepciones pecaminosas de la lujuria incestuosa ¡y qué alboroto hubo allí hasta cuando cometió esa villanía! Si un hombre se pone a contemplar y meditar placenteramente en cualquier pecado, esa misma acción interior de su pecado, lo lanza a las aventuras exteriores o lo invita a ellas. Esto es lo mínimo que hace. Extrañamente, esto madura su inclinación natural. Además de eso, lo prepara para una tentación que se adapte a su manera. Satanás no necesitará tentar mucho a quien ya se ha tentado a sí mismo. [Para] el que obra el pecado en su corazón, cualquier débil oportunidad, lo atraerá a su vida. Treinta piezas de plata prevalecerán en un Judas codicioso, quien ya tenía el oro como amo en su corazón…
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1. Inquietudes ajenas – Molestias procedentes del exterior del hogar.
2 Aprehensivamente – De la facultad mental de “aprehender” o “captar algo”. Hacer algo que en realidad es pecado, pero no comprender que lo es.
3. Ignorancia invencible – Término teológico: Ignorancia más allá de la capacidad de una persona para eliminar o controlar algo de lo que no se considera responsable.
4. Volar al exterior – Hacerse público.
5. Esquema – Sistema.
6. Humores ulcerosos – Llagas corruptas y pútridas.
7. Escorbuto – Enfermedad que produce piel seca y escamosa.
8. Irritante – Punzante, doloroso; maligno.