Una pregunta vital para hoy
Arthur W. Pink
Estamos profundamente convencidos de que la pregunta vital que más se debe plantear hoy es ésta: ¿Es el hombre una criatura total y completamente depravada 1 por naturaleza? ¿Entra en el mundo completamente arruinado e indefenso, espiritualmente ciego y muerto en delitos y pecados? Acorde con nuestra respuesta a esta pregunta, serán nuestros puntos de vista sobre muchas otras cosas. Es sobre la base de este oscuro telón de fondo que toda la Biblia se genera. Cualquier intento de modificar o disminuir, repudiar o atenuar la enseñanza de las Escrituras sobre el asunto es fatal. Ponga la pregunta en otra forma: ¿Está el hombre ahora en tal condición que no puede ser salvado sin la intervención especial y directa del Dios trino en su favor? En otras palabras, ¿hay alguna esperanza para él aparte de la elección personal del Padre, su redención particular2 por el Hijo y las operaciones sobrenaturales del Espíritu dentro de él?3 O, dicho de otra manera: Si el hombre es un ser totalmente depravado, ¿puede dar el primer paso para regresar a Dios?
La respuesta bíblica a esa pregunta pone de manifiesto la absoluta futilidad de los esquemas de los reformadores sociales para “la elevación moral de las masas”, los planes de los políticos para la paz de las naciones y las ideologías de los soñadores para dar paso a una edad de oro para este mundo. Es patético y trágico ver a muchos de nuestros más grandes hombres poniendo su fe en tales quimeras4 . Las divisiones y las discordias, el odio y el derramamiento de sangre, no pueden ser desterrados mientras la naturaleza humana sea lo que es. Pero durante el siglo pasado5 , la tendencia constante de una cristiandad en deterioro, ha sido subestimar la maldad del pecado y sobrevalorar la capacidad moral de los hombres. En vez de proclamar la atrocidad del pecado, se ha insistido más en sus inconvenientes y, la descripción abrumadora de la condición perdida del hombre como se establece en la Sagrada Escritura, ha sido oscurecida, si no borrada, por las halagadoras disquisiciones6 sobre el progreso humano. Si la religión popular de “las iglesias” —incluido el noventa por ciento de lo que se denomina Cristianismo Evangélico— se pone a prueba en este momento, se descubrirá que riñe directamente con la idea del hombre caído, arruinado y espiritualmente muerto.
Por lo tanto, hoy existe una necesidad imperiosa de que el pecado sea visto a la luz de la ley de Dios y del evangelio, para que su excesiva pecaminosidad7 pueda ser demostrada y las oscuras profundidades de la depravación humana sean expuestas por la enseñanza de la Sagrada Escritura, para que podamos aprender lo que implican esas temibles palabras “muerto en delitos y pecados”. El gran objetivo de la Biblia es darnos a conocer a Dios, describir al hombre tal como aparece a los ojos de su Creador y mostrar la relación de uno con el otro. Es, por lo tanto, asunto de sus siervos, no sólo declarar el carácter y las perfecciones divinas, sino también delinear la condición original y la apostasía del hombre, así como el remedio divino para su ruina. Hasta que no veamos realmente el horror del pozo en el que por naturaleza yacemos, nunca podremos apreciar apropiadamente la gran salvación de Cristo. Es la condición caída del hombre, la terrible enfermedad para la cual la redención divina es la única cura, y nuestra estimación y valoración de las provisiones de la gracia divina serán necesariamente modificadas, en la medida en que modifiquemos la necesidad que se pretendía satisfacer.
David Clarkson, uno de los puritanos, señaló este hecho en su sermón sobre el Salmo 51:5: “El fin del ministerio del evangelio es traer a los pecadores a Cristo. Su camino hacia este fin radica en el sentido de su miseria sin Cristo. Los ingredientes de esta miseria son nuestra pecaminosidad, original y actual; la ira de Dios, a la cual el pecado nos ha expuesto; y nuestra impotencia para liberarnos del pecado o de la ira. Para que podamos promover este gran fin, nos esforzaremos, tanto como el Señor nos asista, para guiarlo de esta manera, por un sentido de miseria, hacia a Aquel que es el único que puede librar de ella. Ahora, siendo la corrupción el origen de la miseria de nuestras naturalezas o del pecado original, pensamos que era apropiado comenzar aquí y, por lo tanto, hemos puesto estas palabras como muy apropiadas para nuestro propósito”8 : …He aquí, en maldad he sido formado9 , y en pecado me concibió mi madre.
Este tema es realmente muy solemne y nadie puede escribirlo o predicarlo, a menos que su corazón esté profundamente impresionado por él. No es algo de lo que cualquier hombre pueda desprenderse, y escribir largo y tendido como si no estuviera directamente involucrado en él; menos aún, desde un nivel superior despreciando a aquellos a quienes denuncia. Nada es más [inadecuado] e impropio que un joven predicador capaz de recitar los pasajes de la Escritura que retratan su propia vileza natural. Más bien, deben ser leídos o citados con la mayor solemnidad. J. C. Philpot declaró: “Como ningún corazón puede concebir suficientemente, tampoco ninguna lengua puede expresar adecuadamente, el estado de miseria y ruina en el cual el pecado ha hecho al hombre culpable y miserable. Al separarlo de Dios, lo ha separado de la única fuente y origen de toda felicidad y toda santidad. Lo ha arruinado, en cuerpo y alma. Lo ha llenado de enfermedad y dolencia; ha desfigurado y destruido la imagen de Dios en la cual fue creado. Ha destrozado todas sus facultades humanas; ha roto su juicio, ha contaminado su imaginación y ha enajenado sus afectos. Le ha hecho amar el pecado y odiar a Dios”10.
La doctrina de la depravación total es muy humillante. No es que el hombre se incline hacia un lado y necesite apoyo, ni que sea meramente ignorante y requiera instrucción, ni que esté agotado y pida un tónico; sino más bien que está deshecho, perdido, espiritualmente muerto. En consecuencia, él está “sin fuerzas” y es completamente incapaz de valerse por sí mismo. Él está expuesto a la ira de Dios y es incapaz de realizar una sola obra que pueda ser aceptada por Él. Casi todas las páginas de la Biblia dan testimonio de esta verdad. Todo el esquema de redención lo da por sentado. El plan de salvación enseñado en las Escrituras no se podía establecer sobre ninguna otra hipótesis. La imposibilidad de que un hombre obtenga la aprobación de Dios por sus propias obras aparece claramente en el caso del joven rico que vino a Cristo. Juzgado por los estándares humanos, fue un modelo de virtud y logros religiosos. Sin embargo, como todos los que confían en el esfuerzo propio, ignoraba la espiritualidad y el rigor de la Ley de Dios; cuando Cristo lo puso a prueba, sus justas expectativas fueron desvanecidas y “se fue triste” (Mt. 19:22).
Por lo tanto, es una doctrina de lo más desagradable11. Y no puede ser de otra manera para el amor no regenerado que quiere oír hablar de la grandeza, la dignidad y la nobleza del hombre. El hombre natural piensa muy bien de sí mismo y sólo aprecia lo que le es halagador. Nada le agrada más que escuchar lo que ensalza la naturaleza humana y alaba el estado de la humanidad, aunque sea en términos que, no sólo repudian la enseñanza de la Palabra de Dios, sino que se contradicen de plano por la observación común y la experiencia universal. Y hay muchos que [lo gratifican] por sus abundantes elogios de la excelencia de la civilización y el progreso constante de la raza humana. Por lo tanto, afirmar que la popular teoría de la evolución es mentira, es muy desagradable para sus engañados adeptos. Sin embargo, el deber de los siervos de Dios es manchar el orgullo de todo aquello en lo que el hombre se gloría, despojarlo de sus plumas robadas, ponerlo en el polvo ante Dios. Por repugnante que sea esta enseñanza, el emisario de Dios debe cumplir fielmente con su deber así “escuchen o dejen de escuchar” (Ez. 3:11).
Éste no es un dogma sombrío12 inventado por la Iglesia en “las edades oscuras”, sino una verdad de la Sagrada Escritura. George Whitefield dijo: “Lo veo, no sólo como una doctrina de las Escrituras, la gran fuente de la verdad, sino como una muy fundamental, de la cual espero que Dios no permita que ninguno de ustedes sea seducido”13. Es un tema al que la Biblia da gran importancia. Cada parte de las Escrituras tiene mucho que decir sobre el terrible estado de degradación y esclavitud al que la Caída ha llevado al hombre. Constantemente, se insiste en la corrupción, la ceguera, la hostilidad de todos los descendientes de Adán a todo lo que sea de naturaleza espiritual. No sólo se describe plenamente la ruina total del hombre, sino también su impotencia para salvarse a sí mismo de la misma. En las declaraciones y denuncias de los profetas, de Cristo y de sus Apóstoles, se exponen repetidamente, no de manera indirecta y vaga, sino enfáticamente y con gran detalle, la esclavitud de todos los hombres a Satanás y su completa impotencia para volverse a Dios en busca de liberación. Ésta es una de las cientos de pruebas de que la Biblia no es un invento humano, sino una revelación del tres veces Santo.
Es un tema tristemente descuidado. A pesar de las claras y unívocas enseñanzas de la Escritura, la condición de ruina del hombre y su separación de Dios son débilmente percibidas y rara vez escuchadas en el púlpito moderno, y se les da poco lugar, incluso en lo que se considera como los centros de la ortodoxia. Más bien, toda la tendencia del pensamiento y la enseñanza actuales van en la dirección opuesta e, incluso, cuando no aceptan la hipótesis darwiniana, a menudo, se ven sus influencias perniciosas. Como consecuencia del silencio culpable del púlpito moderno, ha surgido una generación de feligreses que, deplorablemente, ignoran las verdades básicas de la Biblia, de modo que, quizás no más de uno de cada mil, tiene un conocimiento mental de las cadenas de dureza e incredulidad que atan el corazón natural o la mazmorra de las tinieblas en la que yacen. Miles de predicadores, en lugar de exponer fielmente a sus oyentes acerca de su lamentable estado natural, están perdiendo el tiempo relatando las últimas noticias del Kremlin o del desarrollo de armas nucleares.
Es, por lo tanto, una doctrina de prueba, especialmente de la solidez del predicador en la fe. La ortodoxia de un hombre sobre este tema determina su punto de vista de muchas otras doctrinas de gran importancia. Si su creencia aquí es bíblica, entonces percibirá claramente cuán imposible es que los hombres se mejoren a sí mismos y que Cristo es su única esperanza. Él sabrá que, a menos que el pecador nazca de nuevo, no puede entrar en el reino de Dios. Tampoco considerará la idea del libre albedrío de la criatura caída para alcanzar la bondad. Será preservado de muchos errores. Andrew Fuller declaró: “Nunca conocí a una persona que estuviera al lado del arminiano14, el arriano15, el sociniano16 o el antinomiano17, sin antes distraerse con las diminutas nociones de depravación humana o de dad”18….
Es una doctrina de gran valor práctico y de importancia espiritual. El fundamento de toda la verdadera piedad, yace en una visión correcta de nosotros mismos y de nuestra vileza, y en una creencia bíblica en Dios y en su Gracia. No puede haber un verdadero aborrecimiento de sí mismo o arrepentimiento, ni una apreciación real de la misericordia salvadora de Dios, ni fe en Cristo, sin ella. No hay nada como un conocimiento de esta doctrina tan bien calculado para desengañar al hombre vano, y convencerlo de la inutilidad y la podredumbre de su propia justicia. Sin embargo, el predicador que es consciente de la plaga de su propio corazón, sabe muy bien que no puede presentar esta verdad de tal manera que sus oyentes realmente se den cuenta y sientan lo mismo, y que les ayude a dejar de estar enamorados de sí mismos y hacer que renuncien para siempre a toda esperanza en sí mismos. Por lo tanto, en lugar de confiar en su fidelidad al presentar la verdad, se la confiará a Dios para que la aplique con gracia y poder a quienes lo escuchen y bendiga sus débiles esfuerzos.
Es una doctrina excesivamente iluminadora. Puede ser triste y humillante; sin embargo, arroja una avalancha de luz sobre misterios que, de otro modo, serían insolubles19. Proporciona la clave para el curso de la historia humana y muestra por qué gran parte de ella ha sido escrita con sangre y lágrimas. Proporciona una explicación de muchos problemas que desconciertan y turban a los pensativos. Revela por qué el niño es propenso al mal y tiene que ser enseñado y disciplinado a todo lo que es bueno. Explica por qué cada mejora en el ambiente del hombre, cada intento de educarlo, todos los esfuerzos de los reformadores sociales, no están disponibles para efectuar ninguna mejora radical en su naturaleza y carácter. Esto explica el horrible trato que recibió Cristo cuando obró tan misericordiosamente en este mundo, y por qué todavía es despreciado y rechazado por los hombres. Permite, al mismo cristiano, comprender mejor el doloroso conflicto que siempre está presente en su interior y que le hace gritar a menudo: “¡Oh, miserable de mí!” (Ro. 7:24).
Por lo tanto, es una doctrina muy necesaria, pues la gran mayoría de nuestros semejantes la ignoran. A veces, se piensa que los siervos de Dios hablan demasiado fuerte y tristemente del terrible estado del hombre a través de su apostasía de Dios. El hecho es que es imposible exagerar en el lenguaje humano la oscuridad y la contaminación del corazón del hombre, o describir la miseria y la total impotencia de una condición como la que la Palabra de verdad describe en estos pasajes solemnes: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:3-4). “Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane”. (Jn. 12:39-40). Esto es aún más evidente cuando contrastamos el estado de ánimo de aquellos en quienes se realiza un milagro de gracia (Lc. 1:78-79).
Es una doctrina [beneficiosa] —una que Dios usa a menudo para hacer que los hombres recobren el sentido—… Nada más que un sentido real de nuestra condición perdida nos pone en el polvo ante Dios.
De Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures)
Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor; nacido en Nottingham, Inglaterra, Reino Unido.
Cortesía de Chapel Library
1. Depravado – Moralmente corrupto; malvado.
2. Ver FGB 227, Atonement, en inglés (Expiación), disponible en CHAPEL LIBRARY.
3. Ver FGB 202, The New Birth, en inglés (El nuevo nacimiento), disponible en CHAPEL LIBRARY.
4. Quimeras – Nociones salvajes de la imaginación; cosas esperadas, pero imposibles de lograr. Ilusiones, ficciones, fantasías.
5. Siglo pasado – El autor se refiere al siglo 19.
6. Disquisiciones – Largos y elaborados ensayos explicativos.
7. Ver FGB 240, The Sinfulness of Sin, en inglés (La pecaminosidad del pecado), disponible en CHAPEL LIBRARY.
8. David Clarkson, Las obras de David Clarkson (The Works of David Clarkson), Vol. 1 (Edimburgo: James Nichol, 1864), 3. David Clarkson (1622-1686) fue un predicador y autor puritano independiente.
9. En maldad he sido formado – Engendrado o nacido pecador al nacer; nacido pecador.
10. De El Estándar del Evangelio de Philpot (Philpot’s The Gospel Standard), 12 de marzo de 1858, p. 92. “Revisión: Comunión con Dios —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— (Review: Communion with God —the Father, the Son, and the Holy Ghost—)” por John Owen. Philpot (1802-1869) fue un estricto pastor y autor bautista inglés.
11. Desagradable – Puede significar de mal gusto en la boca y, por lo tanto, rechazado.
12. Dogma sombrío – Doctrina sombría o espantosa.
13. John Gillies, Las memorias del Rev. George Whitefield (The Memoirs of Rev. George Whitefield) (Middletown: Hunt & Noyes, 1838), 248.
14. Arminiano – Se refiere a las doctrinas de Jacobus Arminius (1560-1609), quien rechazó el punto de vista de los Reformadores de la predestinación, enseñando, en cambio, que la predestinación de Dios estaba basada en su conocimiento previo de quién recibiría o no a Cristo por su libre albedrío.
15. Arriano – Se refiere a las doctrinas de Arrio, un obispo de Alejandría (250/56-336 d.C.), quien enseñó que el Hijo celestial era un ser creado y no una deidad.
16. Sociniano – Se refiere a las doctrinas de Lelio (1525-1562) y su sobrino, Fausto Sociano (1539-1604), quienes rechazaron el pecado original, la deidad de Cristo, y, por lo tanto, la Trinidad.
17. Antinomiano – Del griego anti, contra, y nomos, ley, la cual se aplica, generalmente, a aquellos que sostienen la doctrina de que la Ley de Dios no tiene lugar en la vida de un creyente.
18. Andrew Fuller, Las obras completas de Andrew Fuller: Publicaciones controvertidas (The Complete Works of Andrew Fuller: Controversial Publications), ed. Joseph Belcher, Vol. 2 (Harrisonburg, VA: Sprinkle Publications, 1988), 662. Andrew Fuller (1754- 1815) fue un pastor y teólogo bautista particular inglés.
19. Insoluble – Imposible de resolver.