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La participación del cristiano en el gobierno

Dr. Sam Waldron

No es ilícito que un cristiano sea una autoridad civil y cumpla toda la gama de deberes de ese oficio hasta e inclusive hacer la guerra. El fundamento bíblico para esta afirmación es diverso. En Lucas 3:14, a los soldados que se arrepintieron a la predicación de Juan el Bautista y que deseaban vivir una vida cristiana no se les dijo que abandonaran la milicia, aun cuando la esencia misma de su función como soldados era hacer la guerra. En Romanos 13:2,4,6, esta posición de autoridad se describe de diversas maneras como «lo establecido por Dios», «ministro de Dios» (LBLA) y «servidor de Dios». Estas nobles descripciones presuponen claramente la licitud del oficio. Además, presuponen su licitud en relación directa con el poder de la espada. El uso de la espada en Romanos 13:4 se refiere directamente a acciones militares para sofocar la rebelión. Nótense especialmente las palabras utilizadas en el versículo 2. De esta manera se utiliza con respecto a una forma de guerra. La pena capital, si bien se presupone, no es el uso original de la espada que aquí se contempla. Los ejemplos de Nehemías, Daniel, sus tres amigos y todos los jueces justos en Israel también apoyan la afirmación de la Confesión. Finalmente, la legitimidad de este oficio para los cristianos se da por sentado mediante frecuentes afirmaciones del libro de Proverbios (14:35; 16:10,12; 20:26,28; 25:2; 28:15-16; 29:4,14; 31:4-5). Los pacifistas cristianos de todas las clases preguntan: «¿Cómo puede ser esto?». ¿Qué decir del Sexto Mandamiento y la enseñanza de Jesús en Mateo 5:38-48? La respuesta bíblica a tales objeciones consiste en una distinción bíblica crucial. La Biblia distingue entre la vocación personal y los deberes de los individuos y la vocación pública y los deberes de las autoridades. Mientras que el deber personal de los individuos es el de no tomarse la venganza por su cuenta, el deber solemne y público de las autoridades es el de ejercer la venganza de Dios contra los malhechores civiles. Nótese esta distinción implícita en una comparación de Romanos 12:17-21, especialmente el versículo 19, con Romanos 13:3-4. Es un error que una persona particular se tome venganza. Pero sí es correcto para una autoridad pública. Mateo 5:37- 48 se está refiriendo al deber de las personas privadas, no de los oficiales públicos. Es solo con esta distinción en mente como se libera a la ley mosaica, y especialmente al Sexto Mandamiento, de un problema insoluble. Si es erróneo matar, ¿cómo puede Jehová, a través de su siervo Moisés, en cada capítulo posterior a este en que se da el mandamiento, decir a los jueces que quiten la vida (es decir, que maten) a ciertos criminales? Solo la distinción ortodoxa entre las esferas pública y privada hace que esto tenga sentido. Dos importantes lecciones se desprenden de todo esto. La primera es ética, la segunda histórica.

1. Nuestro deber ante Dios depende grandemente de nuestra vocación o llamamiento. Podría ser erróneo, y en algunos casos lo sería, que tú hicieras lo que otros deben hacer. ¿Por qué? Su llamamiento en la vida es diferente. Por ejemplo, es ciertamente correcto que yo en ciertas ocasiones castigue a mi hijo. No sería correcto que algún otro disciplinara a mi
hijo sin mi consentimiento. ¿Por qué? La otra persona no tiene un llamamiento divino para ser el padre de mi hijo. Ese es mi llamamiento. El concepto de vocación es una parte clave de la ética bíblica descubierta y resaltada por la Reforma.

2. Nuestros antepasados bautistas no eran anabautistas. Fueron los anabautistas los que enseñaron que los cristianos no podían ocupar el oficio de autoridad civil sin pecado. Fueron ellos quienes enseñaron que este oficio era «del diablo». Es evidente que nuestros antepasados bautistas rechazaron completamente tal concepto del gobierno y el pacifismo resultante que implicaba. Se distanciaron públicamente del mismo en su Confesión de fe. Es adecuado notar aquí que la corriente principal de los bautistas en América desciende de puritanos que llegaron a tener convicciones bautistas, no anabautistas. La mayoría de los modernos bautistas son históricamente calvinistas y puritanos en su origen, no anabautistas ni arminianos.

Derechos reservados. Tomado de la Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689.

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