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La necesidad de un avivamiento

Jeff Pollard

Amados hermanos:

Las iglesias de nuestro país necesitan desesperadamente un despertar espiritual. Cada segundo que pasa, millones de pecadores se precipitan hacia el infierno. A través de nuestra historia hemos sentido la obra poderosa del Espíritu de Dios, lo que llamamos “avivamientos”. No obstante, cuando observamos a nuestros líderes, nuestra cultura, nuestras comunidades y nuestras iglesias descendiendo a una oscuridad espiritual cada vez mayor, algunos se preguntan sinceramente: “¿Alguna vez sintió de veras este país la obra de Dios transformadora del alma y cambiadora de la historia llamada ‘avivamiento’? ¿De veras?” La historia nos dice que sí. Muchos ruegan hoy al Señor que vuelva “a darnos vida” (Sal. 85:6). Por otro lado, otros tantos tenemos que admitir que no le rogamos a Dios que realice obras poderosas de su gracia soberana que cambian la historia. Estamos demasiado ocupados. O demasiado involucrados en procurar nuestra “libertad cristiana”. O demasiado inconscientes de la realidad.

El panorama político es sombrío y, con pocas excepciones, carece totalmente de integridad. Los principios de la Constitución están desapareciendo con más rapidez de lo que la mayoría percibe. El marxismo popular, los partidos ineficaces, una economía en descenso, homosexualismo en auge, declinación del matrimonio, redefinición de la familia, aceptación de la fornicación y el adulterio, predominio del yoga y del pensamiento oriental, aprobación del islam, adoración de celebridades, entretenimientos divinizados, legalización de la marihuana, abortos sin fin, violencia en aumento, el creciente ocultismo, la verdad que se diluye; ¿quién arreglará esto? ¿Quién reparará el daño? ¿El gobierno? ¿Las increíbles tecnologías y ciencias secuestradas por discípulos de Darwin? ¿El sistema educativo? Ninguna esperanza allí. Y el evangelicalismo norteamericano moderno está siendo reducido a la insignificancia. ¿Y por qué no? Ha llegado a ser impotente, irrelevante e insatisfactorio, se está semejando demasiado al mundo como para ejercer una influencia determinante. Algunos sectores del evangelicalismo norteamericano son imposibles de distinguir de las masas que van rumbo a la destrucción eterna. La declaración tajante de la palabra: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” ha sido anulada a favor de “relevancia”, conveniencia y placer. Este mandato de Pablo de que haya separación es visto como cosa tonta, fundamentalista. Sea dicho de paso, el autor dice todo esto con un corazón quebrantado, no a modo de reprimenda.

A pesar de todo, hay esperanza. Esperanza real. Esperanza eterna. La Iglesia de Jesucristo tiene la verdad que, con el poder del Espíritu de Dios, cambia los corazones humanos. Nuestra oración sincera es que Cristo Jesús cambie centenares de corazones humanos a la vez. Necesitamos un despertar real, poderoso, forjado por el Espíritu Santo. Servimos a un Dios que efectivamente lo hace. Tenemos que permanecer en ayuno y oración pidiendo al Gran Dios de Maravillas que nos conceda una visitación poderosa de su Espíritu. Sea que a uno le guste o no la palabra avivamiento, necesitamos que Dios obre en su pueblo. Ahora.

Algunos que profesan ser cristianos hacen caso omiso a la idea de un avivamiento. Otros que también profesan ser cristianos virtualmente adoran la idea de un avivamiento. Algunos declaran con razón que si los cristianos sencilla y fielmente se atuvieran a vivir lo que ya conocen, sería un avivamiento. Sea como fuere, la mayoría coincidiríamos que las cosas han ido demasiado lejos como para que el hombre pueda resolver los problemas monumentales que enfrenta nuestro país. Necesitamos desesperadamente un gran despertar. Quiera Jesucristo, nuestro Señor de gloria crucificado y resucitado, nos lo conceda. Arrepintámonos de nuestros pecados personales, familiares, congregacionales y nacionales, roguemos a Dios que nos limpie, y prediquemos a Jesucristo, su sangre derramada, la justificación solo por fe y la regeneración, y supliquemos a nuestro Dios todopoderoso que nos dé un avivamiento.

En el amor del Salvador,

Jeff Pollard

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