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El mundo con su presión agresiva e incansable

Albert N. Martin

Pablo nos dice: “No os adaptéis a este mundo” (Ro. 12:2). La paráfrasis de J.B. Phillips precisamente capta la mente del Espíritu en este pasaje: “No permitáis que el mundo os estruje en su molde”. El sistema de este mundo es la vida en la totalidad de su existencia organizada, desprovista de Dios. Es hostil a la Palabra y la Ley De Dios, en sus normas, sus metas, sus opiniones, su forma de pensar, su gente y su filosofía. “El mundo” es la totalidad de la humanidad no regenerada en oposición a Dios.

La Escritura recalca que el mundo nunca ha firmado un tratado con aquellos que se han liberado de él. Está, agresiva y continuamente, ejerciendo presión sobre nosotros para estrujarnos en su molde impío. Se pone salvajemente furioso cuando alguien piensa y actúa contrariamente a sus cánones aceptados. Dice que lo que cuenta es lo que ves, y lo que tienes en tu cuenta bancaria, y lo que tienes sobre tu cuerpo, y lo que tienes en casas y tierras y cosas materiales. Dios dice que lo que cuenta es el tesoro que tienes en el Cielo. Nos dice que lo que cuenta es la belleza oculta del corazón, y de esto el mundo no sabe nada en absoluto.

Mientras el mundo ejercite –como siempre lo hará– su presión agresiva e incansable sobre el creyente, es inevitable que haya tensión y conflicto. Esa es la razón por la que el apóstol Juan tuvo que escribir: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:15–17).

Una de las cosas que me asustan (y soy suficientemente mayor para haber visto cómo ocurre) es esto: miro las caras de hombres y mujeres jóvenes, y me pregunto cuántos de aquellos que ahora muestran un entusiasmo saludable y refrescante por las cosas de Dios estarán dentro de diez años más muertos que vivos en cuanto a las cosas espirituales. ¿Qué sucede? Jesús dijo que algunos reciben la Palabra como una parcela de tierra recibe semilla buena, pero las malas hierbas crecen y ahogan la planta. ¿Sabes qué dijo Jesús que representan las hierbas? “Las preocupaciones del mundo, el engaño de las riquezas y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra”. El mundo te odia si tu estilo de vida está en claro contraste con el suyo, y denuncia la vanidad del mundo. Si te tomas las cosas de este mundo a la ligera, y si no vives para el yo, la posición y la ambición; si tu gran pasión es que tu vida esté tan controlada por Jesucristo y entregada para los propósitos de su Reino, entonces serás causa constante de irritación para el mundo, y el mundo nunca estará contento hasta que seas exactamente como los impíos. Si tienes suficiente religión como para hacerte “respetable”, el mundo te amará mucho más, porque en ese caso eres un monumento a su filosofía.

No hay escapatoria del conflicto y la tensión. Pero puedes preguntar: “A medida que pasen los años y los hábitos de devoción se establezcan, ¿no llegará a ser más fácil el problema?” No puedo sino decir, habiendo vivido medio siglo, y treinta y dos de esos años como cristiano, que la batalla se vuelve más encarnizada al bajar hacia el otro extremo de la carretera como no lo fue al principio. Juan Bunyan tenía razón: no había descanso hasta que a los creyentes se les hacía cruzar el río.

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Tomado de Cómo vivir la vida cristiana por Albert N. Martin. Disponible en: Cristianismo Histórico.

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