Humildad
Ninguna otra virtud debería distinguir al cristiano tanto como la humildad. Quien quiera ser grande a los ojos de Cristo tiene que fijarse una meta totalmente distinta de la de los fariseos: su objetivo no debe ser gobernar la Iglesia, sino servirla. Con razón dice Baxter que “La grandeza en la Iglesia consiste en ser grandemente servicial”. El deseo del fariseo era recibir honores y que lo llamaran “maestro”; el deseo del cristiano ha de ser hacer el bien y darse a sí mismo, y todo lo que tiene, al servicio de los demás. Esta es verdaderamente una meta muy elevada, pero no debemos contentarnos jamás con una menor. Tanto el ejemplo de nuestro bendito Señor como la orden directa de las epístolas apostólicas piden de nosotros que “nos revistamos de humildad” (cf. 1 Pedro 5:5). Busquemos esa bendita virtud cada día; ninguna otra es tan hermosa, por mucho que el mundo la desprecie; ninguna otra es mejor evidencia de una fe salvadora y una auténtica conversión a Dios; ninguna otra recibe tantos elogios de parte de nuestro Señor. De todos sus dichos, casi ninguno se repite tan a menudo como el que concluye el pasaje que hemos leído: “El que se humilla será enaltecido”.
El contenido de este artículo es de Meditaciones sobre los evangelios, Mateo por J.C. Ryle © Editorial Peregrino, 2001. Usado con permiso de Editorial Peregrino.
Le recomendamos este libro. Está disponible en la librería Cristianismo Histórico.
Si el mejor modo de entender la fe cristiana es leer los Evangelios, se deduce que los libros que siguen a estos por orden de importancia habrán de ser aquellos que ayudan a entender mejor esos Evangelios.
Al advertir esta necesidad en su propia congregación, J. C. Ryle escribió sus Meditaciones sobre los Evangelios, que se han extendido por todo el mundo durante más de un siglo sin que haya disminuido su popularidad ni su utilidad.
Las palabras claras y directas de Ryle son también un gran estímulo para la lectura de la Biblia. Si bien su objetivo principal es ayudar al lector a conocer a Cristo, tiene además otra idea en la mente: escribe de tal manera que su comentario a Mateo pueda leerse en voz alta para otros. Al contrario de lo que sucede con muchos autores, su obra es igual de buena escuchada que leída. Hay muchos otros comentarios a los Evangelios más extensos, pero ninguno resulta tan fascinante de escuchar, ya sea en familia, en grupos o a través de la radio, como los de J. C. Ryle.