La única explicación inteligible para la EncarnaciónA. T. Robertson sobre el nacimiento virginal de Cristo
Las Navidades llegan cada año con el esperado frenesí de la atención de los medios de difusión fijada en los relatos bíblicos de la concepción y del nacimiento de Cristo. El impulso general de los medios laicos suele ser, con frecuencia, la incredulidad con respecto al hecho de que tantas personas sigan creyendo que dichas narraciones son verdad. Este año [2013], el Centro de Investigaciones Pew ha emitido un informe sobre el día de Navidad que indica que casi un setenta y cinco por ciento del pueblo estadounidense afirma creer en el nacimiento virginal de Cristo. Mientras tanto, el Instituto Público de la Investigación Religiosa descubrió niveles de creencia marcadamente inferiores, con un poco menos de la mitad de encuestados que afirman la precisión histórica de los relatos de la Biblia. La investigación del PRRI [Instituto Público de la Investigación Religiosa] indicaba que cuatro de cada diez estadounidenses creen que el nacimiento virginal forma parte de una «historia teológica para afirmar la fe en Cristo».
En verdad, la concepción virginal de Jesús que la mayoría de los que respondieron a este sondeo conocen como «el nacimiento virginal», no es una controversia ni un rechazo de reciente aparición. El 11 de abril de 1823, Thomas Jefferson le escribió una carta a John Adams en la que explicaba sus opiniones en cuanto a Jesucristo. Jefferson ya era conocido por negar los milagros y otras afirmaciones sobre la intervención sobrenatural en la historia y en la naturaleza. En esta carta a John Adams, predice el colapso de toda creencia en el nacimiento virginal de Cristo:
Y llegará el día en que la engendración mística de Jesús por el supremo ser como padre, en el vientre de una virgen, se clasificará con la fábula de la engendración de Minerva en el cerebro de Júpiter. No obstante, podemos esperar que el amanecer de la razón y de la libertad de pensamiento en estos Estados Unidos acabe con este andamiaje artificial y nos restaure a las doctrinas primitivas y genuinas de este que es el más venerado reformador de los errores humanos.
Los liberales teológicos niegan el nacimiento virginal como verdad revelada; Thomas Jefferson consideraba que los relatos del evangelio eran un «andamiaje artificial»; y los estadounidenses ven, cada vez más, que el nacimiento virginal forma parte de una «historia teológica» sobre Jesús.
Si nos remontamos a las primeras décadas del siglo XX, cuando liberales como Harry Emerson Fosdick negaban el nacimiento virginal, el erudito bautista del Nuevo Testamento, A. T. Robertson, se levantó en su defensa. En un pequeño libro de 1925, The Mother of Jesus [La madre de Jesús], Robertson aislaba las alternativas: afirmar la verdad de la concepción virginal de Cristo o abandonar cualquier afirmación de encarnación.
Robertson, que se encontraba entre los eruditos más famosos de su época, enseñaba en el Seminario Teológico Bautista del Sur desde 1888 hasta 1934. Entendió exactamente lo que estaba en juego. Los modernistas, como les gustaba ser conocidos a los liberales teológicos, aceptaban una distinción entre el «Jesús de la historia» y el «Cristo de la fe». Querían presentar a un Jesús digno de emulación moral, pero no a un Cristo sobrenatural que fuera Dios en carne humana. Entremedio, los «moderados» teológicos intentaban un compromiso entre la ortodoxia y la herejía, ofreciendo a un Jesús que era sobrenatural, pero no demasiado. Estaban ansiosos por rechazar el nacimiento virginal, pero intentaban aferrarse a otros hechos de la encarnación. Robertson supo ver lo que había en la mente tanto de los modernistas como de los moderados. Ninguno de ellos presentaba a un Jesús que fuera verdaderamente Dios en carne humana.
Tal como lo entendía Robertson, la concepción virginal de Cristo es a la vez fundamental y necesaria para la presentación que el Nuevo Testamento hace de Cristo. Asimismo, vio lo que otros intentaban no admitir: si Jesús no había sido concebido por el Espíritu Santo, tenía un padre humano.
Sin el nacimiento virginal no hay explicación para la encarnación. Si Jesús tuvo un padre meramente humano, no existe relación auténtica con la teología encarnacional de Pablo y Juan en el Nuevo Testamento. Lo único que queda es algún intento de afirmación con respecto a que Jesús era un mero ser humano, que tuvo una misión divina exclusiva, que era exclusivamente consciente de Dios, o que en cierto modo fue adoptado por el padre en una forma de deidad. Todos estos son cristos herejes y ninguno de ellos puede salvar.
La encarnación es, en sí misma, sobrenatural en todos los aspectos. «Si creemos en una encarnación real de Cristo no podemos objetar de forma lógica en contra del nacimiento virginal basándonos en el rasgo sobrenatural que encierra», insistía Robertson. Con esto se estaba dirigiendo a los «moderados», que querían a un Jesús sobrenatural, pero no demasiado. Pretendían mantener una afirmación de la encarnación y de la resurrección, pero no de los milagros ni del nacimiento virginal. Robertson vio claramente cuál era el problema: estaban menoscabando las verdades mismas que afirmaban defender.
Si se descarta el nacimiento virginal, hacemos lo mismo con cualquier afirmación neotestamentaria de la encarnación auténtica.
Se refirió a la «opinión unitaria común» de que José era el padre biológico de Jesús y respondió: «Si aceptamos que José era el verdadero padre de Jesús, nos vemos obligados a ser ilógicos si nos seguimos aferrando a la divinidad de Jesús, o si consideramos que era un mero hombre».
Robertson defendió, asimismo, los relatos de los Evangelios de Mateo y Lucas, y los vinculó a las afirmaciones encarnacionales del Evangelio de Juan y los escritos de Pablo. Como él aseveró: «Todo el Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como el Hijo de Dios, una vez encarnado y ahora resucitado, y sentado en el trono de gloria con el Padre».
Si el nacimiento virginal es tan solo parte de una «historia teológica», no somos salvos, porque solo el Dios-Hombre encarnado puede salvar. El Jesús del presidente Jefferson deja un ejemplo moral, pero no puede salvarnos de nuestros pecados. El Jesús de los modernistas era un mero hombre y el Jesús de los moderados poseía un cierto tipo de divinidad.
El Jesús del Nuevo Testamento —de todo el Nuevo Testamento— salva hasta lo sumo. Y, en cuanto al nacimiento virginal, A. T. Robertson lo expresó mejor: «El nacimiento virginal es la única explicación inteligible de la encarnación jamás ofrecida».
Y así es, siempre fue así, y siempre lo será.
Este artículo fue escrito por el Dr. Albert Mohler, presidente de The Southern Baptist Theological Seminary (Seminario Teológico Bautista del Sur) en los Estados Unidos. Fue publicado originalmente en www.albertmohler.com y es publicado aquí con permiso. Traducción, Derechos Reservados ©2014 IBRNJ.ORG. Prohibida la reproducción de estos artículos y fotos sin permiso de IBRNJ.ORG. Para más información escriba al siguiente correo electrónico: admin@ibrnb.com.