El decálogo para la era digital (9): El robo digital
Mark Kelderman & Maarten Kuivenhoven
Con la revolución digital, hasta el robo se ha revolucionado. Noticias recientes cuentan y destacan el robo de información de tarjetas de crédito, robo de identidad y estafas que sustraen los ahorros de toda una vida. Existen, asimismo, los pecados online del juego y de las descargas ilícitas de música, videos y juegos. Tal vez no hayas cometido ninguno de estos pecados tan manifiestos. ¿Pero qué me dices del tiempo que pasas usando la tecnología? ¿Cuánto de ese tiempo glorifica a Dios y es de utilidad? ¿Cuánto de él hace, en realidad, un mal uso tanto del don del tiempo como del de la tecnología? ¿Acaso desperdiciar las cosas no es lo mismo que robar?
¿Cómo cumplimos el octavo mandamiento en la era digital? En primer lugar es necesario que reconozcamos los peligros. Somos una generación que depende de la tecnología. Rara vez usamos ya pluma y papel para hacer las tareas que se nos han asignado o para preparar sermones. Aunque son usos legítimos del tiempo y de la tecnología, las líneas pueden desdibujarse y pasamos de los deberes a las redes sociales, para regresar de nuevo a la tarea sin pensar siquiera en usar nuestro tiempo con sabiduría. ¿Con qué frecuencia ha creado la tecnología esta dependencia que no puedes pasar sin ella? ¿Cuántas veces te ha distraído? ¿Cuántas veces ha sonado tu teléfono mientras intentabas llevar a cabo tu devocional? Cuando hablabas en persona con tus amigos, tus hermanos o tus padres, ¿cuántas veces te han distraído las notificaciones o nuevos mensajes de texto en espera? Sentado en la escuela, ¿cuánto tiempo has pasado conectado en la red durante la conferencia que el maestro preparó con diligencia?
¿Cuánto de nuestro tiempo usamos bien en proporción al que pasamos con Dios, pensando profundamente o fomentando relaciones que de verdad importan? Es necesario que seamos conscientes de los peligros que afectan a nuestra relación con Dios, con la familia, con los amigos y hasta nuestra capacidad de trabajo.
A partir de aquí, ¿adónde nos dirigimos? ¿Cómo recogemos los pedazos de un mandamiento quebrantado y nos recuperamos de nuestra falta de autocontrol y de tanto desperdicio? ¿Qué hacemos con todos esos minutos, horas, días y semanas malgastados? Acudimos a la Palabra de Dios y la promesa y la gracia de la restauración. Él dice en Joel 2.25b: «Os compensaré por los años que ha comido la langosta». Considera esto en términos de años malgastados, dedicados a perseguir la idolatría y el desperdicio; ¡qué adecuadas son estas palabras para cada uno de nosotros! Necesitamos regresar al «yo haré» de Dios en este versículo. Es su Palabra de promesa. Él restaurará; Él perdonará. Él concederá gracia y poder para que podamos ejercer autocontrol sobre nuestra vida en el mundo digital. Él ha pagado el precio de todos nuestros pecados, incluido el de desperdiciar sus dones. Pero también pone delante de nosotros a Jesucristo, el perfecto cumplidor de la ley. Él se ocupó de los negocios de su Padre sin distracción alguna (Lc 2:49).
Decidió ir a Jerusalén incondicionalmente, sabiendo que debía sufrir (Lc 9.52). Nada podía hacer fuera de aquello que su Padre le dijo que hiciera (Jn 5.17). Mírale a Él, apóyate en Él y deja que Su ley sea tu delicia.
A medida que el evangelio de perdón penetra en nuestra vida, somos libres de vivir para Él. Somos liberados de la esclavitud del tiempo perdido y podemos pasar nuestros minutos, nuestras horas y nuestros años a su servicio. Pero esto requiere disciplina. Realza esta autoevalucación: ¿Qué estoy haciendo ahora mismo’ ¿Qué tiene prioridad sobre Dios, mi familia, mi jefe, mis amigos? ¿De qué manera afectará que yo conteste esta llamada o lea este mensaje de texto a mis relaciones con Dios y con los demás? A veces solo necesitamos desconectar. Hay veces en las que necesitamos silencio y soledad para pasar tiempo a solas con Dios (Mr 6.31), o completar una tarea que requiere toda nuestra concentración. Y para poder servir a quienes nos rodean, necesitamos concentrarnos en ellos sin distracción.
Por último, es necesario que ejerzamos dominio sobre nuestro corazón y la tecnología. Es necesario que restauremos nuestro uso de la tecnología y la utilicemos de maneras que sean más significativas que fomenten el bien de los demás y la gloria de Dios. En nuestro tiempo y época, esta será una tarea de por vida; con todo, cuando somos guiados por este mandamiento y la promesa de Dios, podemos restaurar por su gracia lo que está torcido y roto.
Mark Keldermann es Decano de Estudiantes y de Formación Espiritual en el Seminario Teológico Puritano Reformado. Maarten Kuivenhoven es pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation de Grand Rapids, Michigan, y estudiante doctoral en el Seminario Teológico Calvino, Grand Rapids, Michigan.
El decálogo para la era digital I: ley y evangelio
El decálogo para la era digital II: ¿Es Google Dios?
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El decálogo en la era digital V: Descanso digital
El adulterio digital
Este artículo es publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ, todos los derechos reservados © 2014.