La ética en la medicina (2)Cómo entender la ética médica secular
Si el consejo predominante que reciba llega de una perspectiva secular, resulta útil intentar comprenderla hasta cierto grado. ¿Qué se les ha enseñado a los doctores sobre la ética? Francamente, no mucho. Al menos, este era el caso hace diez años, cuando yo asistía a la escuela médica. La Ética es, en verdad, una parte descuidada del currículo médico.
Aunque implícitas en muchos de los debates que tienen lugar en la medicina, las cuestiones éticas no suelen discutirse abiertamente. Por ejemplo, la escuela médica a la que yo asistía tenía una sola conferencia formal sobre la ética. Había una oportunidad para que los estudiantes motivados cursaran estudios electivos en ética médica, pero no creo que muchos lo hicieran. Gran parte de la ética, y de la conducta ética que los médicos aprenden proceden de lo que otros hacen a su alrededor. Dicho esto, los diversos cuerpos regulatorios que controlan a los profesionales de la sanidad exponen varias directrices en cuanto a la conducta ética. Usted podría hacer una búsqueda en Google en cuanto al código ético AMC [Asociación Médica Canadiense] para los valores de conducta de los médicos canadienses, por ejemplo.
Vemos, pues, que la mayoría de los médicos aprenden muy poco sobre ética, pero aquellos que lo hacen, suelen aprender tres principios éticos básicos. Son los siguientes: Autonomía del paciente, Beneficencia/No maleficencia, y Justicia.
1. Autonomía significa básicamente “ley propia”. Tal vez se describa mejor de la forma siguiente: «Cada ser humano adulto y en plenas facultades mentales tiene derecho a determinar lo que se ha de hacer en su cuerpo». En otras palabras, no depende del doctor decidir lo que se le debería hacer a usted. Por ejemplo, un médico podría recomendar que pase usted por una cirugía, pero en última instancia es usted quien tiene que tomar la decisión. Esto es, en mi opinión, algo bueno. La historia está plagada de horribles ejemplos de lo que ocurre cuando se descuida la autonomía. Asimismo, es posible que los doctores no siempre sepan qué es mejor para un paciente. Implicar a este en la toma de decisión protege contra el abuso del poder médico. La autonomía también protege al cristiano. Lo ideal sería que, en el caso de que el médico que está cuidando a un cristiano respete la autonomía, este paciente podrá tomar decisiones que honren a Dios. Pero los creyentes deben tener en cuenta que, en un sentido, los médicos «les darán lo que ellos quieran». Lo que nosotros queremos puede no ser siempre lo correcto. Esto debería proporcionarnos una pausa para pensar.
2. El principio de Beneficencia o No maleficencia (básicamente son lo mismo) es un principio ético más tradicional. Estipula que el médico debería actuar en el mejor interés del paciente y evitar perjudicarlo. Es la parte del juramento hipocrático que se cita con mayor frecuencia: «Por encima de todo, no provocar daños».
Este principio es el responsable del tipo de práctica médica paternalista «el doctor sabe mejor» tan común en el pasado. Aunque sigue siendo un principio fundamental, en la medicina moderna ha adoptado un segundo plano definitivo por detrás de la autonomía. Esto es un tanto triste, porque creo que al intentar restar énfasis a este principio, en especial en aras de la autonomía, nosotros, como profesionales de la medicina, corremos el riesgo de perder un cierto sentido de la compasión que solía caracterizar nuestra profesión. Los cristianos implicados en la sanidad deberían ponerse al nivel de este desafío y procurar expresar compasión y cuidado, siguiendo las huellas del Salvador.
3. El principio ético final es la justicia. Esta se preocupa principalmente de la adjudicación adecuada de los recursos escasos. Muchos de los debates que tienen lugar en el gobierno y en los medios informativos de esta época de limitados recursos sanitarios están más relacionados con cuestiones que tienen que ver con la justicia. Por ejemplo, en un sistema sanitario de financiación pública, escoger pagar un tratamiento/procedimiento particular significa contar con menos posibles para otro. ¿Cómo se debería tomar la decisión? ¿Debería gastarse el dinero en una cirugía de cataratas para los mayores o en un programa de vacunación para niños? ¿Deberían emplearse los fondos en aumentar el número de cirugías de cáncer de pulmón (que a menudo es el resultado de años como fumador) o deberían destinarse a tratamientos contra el cáncer de ovarios (no relacionado con elecciones de un estilo de vida)?
Con frecuencia, los médicos de vanguardia juegan un pequeño papel en estas decisiones de adjudicación. A pesar de ello, las cuestiones de justicia no suelen estar lejos de nuestra mente. Los cristianos deberían procurar asegurarse de que las políticas que representan nuestros gobiernos sean justas, y que aquellos profesionales cristianos que se ocupan de la sanidad deben intentar actuar de forma justa. Esto debería caracterizar nuestra vida. Miqueas 6:8 declara: «¿… qué pide Jehová de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios».
Lo que acabo de perfilar es un boceto extremadamente breve de algunos de los principios éticos más importantes que la mayoría de los doctores han aprendido y que aplicarán en su práctica diaria.
Implicaciones
Para el cristiano, estos principios no son en sí mismos suficientes para guiar nuestras decisiones ni para gobernar nuestra conducta; cualquier discusión de la «la forma correcta de vida y de conducta» debe involucrar a las Escrituras. Como cristianos, confesamos que la voluntad revelada de Dios es la norma final de vida. Confesamos que Él nos ha mostrado cómo deberíamos vivir por medio de Su Palabra y de la obra de Su Espíritu a la hora de aplicarla.
Pero cuando un cristiano va al médico, en busca de consejo, a menos que este sea cristiano también, ese pensamiento no pasará por la mente de ese doctor. Por ejemplo, suponga que tiene usted a un ser querido en la unidad de cuidados intensivos conectado a una máquina que lo mantiene vivo; el consejo que usted recibirá llegará a través de un criterio secular. Asimismo, cuando usted acude a su médico buscando ayuda en cuestiones reproductoras, el consejo y la atención que recibirá se centrarán en su propia autonomía. El médico perfilará varias opciones y esperará que sea usted quien escoja. Lo «correcto» quedará determinado por lo que usted quiera. Como cristianos, esto debería llevarnos a hacer una pausa. En las Escrituras se nos enseña que la mente carnal es enemistad contra Dios.
Entonces, ¿cómo debemos tomar las decisiones correctas? En cuestiones médicas, como ocurre en la vida en general, debemos conocer el temor del Señor para poder tomar decisiones que honren a Dios. Como indica Proverbios, el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Todas nuestras preguntas, y, de hecho, toda nuestra vida, deben empezar con él.
Aunque hoy estamos hablando específicamente sobre ética médica, esta no puede separarse en realidad del resto de nuestra vida cristiana. Nuestras vidas no pueden compartimentarse en vida de iglesia, vida de trabajo, vida escolar, decisiones sanitarias y vida financiera. Si somos cristianos, la vida de fe ha de demostrarse en todas estas esferas. Toda nuestra vida debe ser un caminar con Cristo. Este es el punto de partida para cualquier asesoramiento en cuanto a ética médica.
Una ética médica cristiana reformada
Sigamos, pues, adelante hasta llegar a mi tercera meta: perfilar una ética médica reformada. Al escoger este título, mi deseo es enfatizar que los principios o consignas de la Reforma —sola scriptura, sola fide, sola gratia, solus Christus, y soli Deo gloria— son importantes en el ámbito de la toma de decisión ética. Sola fide y sola gratia: a menos que conozcamos la gracia salvífica, que solo puede obtenerse por medio de la fe solamente en Cristo, no podemos tomar en verdad las decisiones correctas. Asimismo, así como la Reforma reafirmó la importancia de las Escrituras, nosotros también debemos recurrir a las Escrituras como nuestra guía para toda la vida. Nuestra vida debe desarrollarse de una forma que dé gloria a Dios.
El segundo propósito al escoger este título es recordarle que, cuando busque libros que traten con el tema de la ética, suele ser de utilidad buscar aquellos escritos por autores que sostengan una perspectiva reformada. Aunque resulta fácil decir que seguiremos las enseñanzas de las Escrituras, cumplirlo es difícil, teniendo en consideración los dilemas que la medicina moderna suscita, tales como: «¿Deberíamos considerar no seguir con el soporte vital?», o «¿Es correcta la contracepción?».
¿Por dónde podemos empezar? Usted desea abrir las Escrituras, ¿pero, por dónde comenzar? Me gustaría prevenirle contra buscar una solución rápida. En muchos ámbitos de nuestras vidas, podemos complicar las cosas innecesariamente. Me gustaría sugerir, sin embargo, que en la ética suele ocurrir lo contrario. Los asuntos éticos suelen ser más complejos de lo que podemos apreciar al principio. Requieren esfuerzo: esfuerzo en la oración, en la lectura, en escuchar, en decidir y en actuar. Rara vez resulta posible encontrar una respuesta en un solo versículo para nuestra lucha ética.
En la parte que sigue en esta serie me gustaría compartir con usted una especie de infraestructura que puede resultar útil cuando nos tenemos que enfrentar a los dilemas éticos.
Publicado en Reflexiones con permiso de Banner of Sovereign Grace Truth. Traducción de IBRNJ, todos los derechos reservados © 2014.