Los hombres son el método de Dios
Vivimos en tiempos parecidos a los de Elías. En el capítulo 3, el pueblo no tiene un liderazgo masculino. Las mujeres y los niños gobiernan convirtiendo la cultura en algo femenino y juvenil. La autoridad se administra mal y no se encuentran líderes competentes. Los que están capacitados para liderar se niegan a hacerlo.
Pero en el capítulo 32 leemos acerca de un Rey prometido, con príncipes cuyo liderazgo se describe de este modo: “He aquí, un rey reinará con justicia, y príncipes gobernarán con rectitud. Cada uno será como refugio contra el viento y un abrigo contra la tormenta, como corrientes de agua en tierra seca, como la sombra de una gran peña en tierra árida (Isaías 32:1-2).
Veo aquí al Rey Jesús, acerca de Quien se había profetizado anteriormente en Isaías 9:6, 7. ¿No debían ser esos “príncipes”, hijos principescos y sacerdotales, esos hombres que tendrían que ejercer, según sus llamamientos respectivos, su Evangelio de gracia? ¿No debían ser ellos quienes ofrecieran a los demás la bendición de su liderazgo piadoso?
Sobre esos versículos, el comentarista George Adam Smith, describe ese tipo de liderazgo de la forma siguiente: “Pon una roca sobre la arena y observa la diferencia que produce su presencia. Tras unos cuantos chaparrones sobre la peña a sotavento comenzarán a surgir algunas briznas. Si tienes paciencia, en su tiempo verás un jardín. ¿Cómo ha podido producir esto la roca? Simplemente deteniendo el movimiento. Pues bien; exactamente de este mismo modo se benefician los grandes hombres de la vida humana. Un gran hombre sirve a su generación, a toda la raza, deteniendo el movimiento.
Las fuerzas mortales, ciegas y fatales, como el viento del desierto, barren rápidamente la historia humana (como la arena del desierto que va sin dirección): la superstición, el error, las costumbres venenosas y las controversias. Lo que ha salvado a la humanidad ha sido el levantamiento de algún gran hombre que ha resistido a esos movimientos, ha establecido firmemente su voluntad por medio de la fe, contra la tendencia predominante y ha dado abrigo a las almas más débiles, aunque no menos deseosas, de sus hermanos.
La historia de lo que el hombre ha logrado en el mundo forma la base de la leyenda de lo que los grandes hombres han llevado a cabo. Bajo el dominio de Dios, el poder humano personal es la fuerza más alta y Dios la ha utilizado siempre como su instrumento principal. Los grandes hombres no lo son todo en la vida, pero son la condición de todo lo demás. De no ser por los hombres grandes, los pequeños no podrían apenas vivir. Los primeros requisitos de la religión y la civilización son personajes destacados”.
Los hombres son el método de Dios. “Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan” (Jn. 1:6). Este es un versículo muy práctico. Remóntate en tu vida a esas influencias que más te han afectado e identificarás a personas: tu padre, tu madre, un profesor y, si eres creyente, probablemente un pastor. Doy gracias a Dios por esos hombres piadosos que me envió, y uno de ellos es el Pastor Martin, “una manifestación imperfecta, pero real e innegable del ‘poder del Evangelio’”, “una encarnación del (de nuestro) mensaje”.
Espero poder ser, también yo, un hombre enviado como él, una encarnación del mensaje del Evangelio, un administrador del gobierno del Evangelio de Cristo en el ejercicio de mi mayordomía. Me siento profundamente agradecido por los chaparrones de la gracia de Dios. Él ha permitido el nacimiento de mi pequeña brizna para que se beneficiara de esos hombres de Dios que son como roca, cuyo liderazgo y carácter Dios ha utilizado para beneficio mío y para gloria suya.
Derechos Reservados ©2009